tema 01 de 03 · Lengua Castellana y Literatura II
Comentario de texto y tipología textual
Es la parte del examen que no depende de la suerte: el texto cambia cada año, pero las preguntas son las mismas y se responden con un método. Tema, resumen, estructura, tipología, intención y tu propia argumentación: seis movimientos que se ensayan con cualquier columna de prensa hasta que salen solos.
Qué te va a pedir el examen
- «Enuncie el tema del texto» y «redacte un resumen» dentro de un límite de palabras que se cuenta.
- «Identifique las ideas del texto, exponga su organización e indique razonadamente su estructura».
- «Indique qué tipo de texto es» o «comente y justifique la tipología textual» con rasgos citados del propio texto.
- «Explique la intención comunicativa del autor», o su finalidad, justificándola con marcas del texto.
- «Elabore un texto argumentativo» manifestando acuerdo o desacuerdo con alguna idea del texto, en la extensión que fije el enunciado.
1 Tema, idea principal y resumen: tres cosas distintas
El tema es de qué trata el texto, condensado en una línea, y se enuncia con un sustantivo abstracto más una precisión: «crítica de…», «reflexión sobre…», «los riesgos de…». No es el título, no es un asunto suelto y no es el resumen. Fíjate en la diferencia entre «la tecnología», que es vago, y «los riesgos de adoptar la tecnología sin evaluar antes sus consecuencias», que ya recoge el enfoque del autor. El texto siempre tiene una tesis, y el tema debe dejarla ver.
La idea principal o tesis, en cambio, es una oración con verbo: qué afirma, defiende o propone el autor sobre ese asunto. «Las bibliotecas escolares» es un tema; «las bibliotecas escolares deben formar en lectura crítica antes que imitar la velocidad de las redes» es una idea. Regla de bolsillo: el tema se enuncia con un sustantivo; la idea, con una oración. Las ideas secundarias son las que apoyan, matizan o contrastan con la principal, y se formulan igual, una oración cada una, con tus palabras.
El resumen reduce el texto a su esqueleto: la tesis y las dos o tres razones que la sostienen. Cinco condiciones, y cada una es un modo de perder décimas: redactado con tus palabras, sin copiar sintagmas del original; sin parafrasear frase a frase; objetivo, sin «el autor acierta» ni «con razón»; en un solo párrafo y en tercera persona; y dentro del número de palabras que fija el enunciado, contadas de verdad, no a ojo. Fuera quedan los ejemplos, las cifras y los nombres propios: son detalle, no idea. Una prueba que funciona: lee tu resumen sin el original y pregúntate si alguien entendería qué defiende el texto y por qué, sin que le hayas añadido una opinión nueva.
2 Organización y estructura: dónde está la tesis y por qué cortas ahí
La organización describe el recorrido lógico del texto, y conviene tener nombres para los movimientos habituales. Deductiva (o analizante): la tesis abre y luego se desarrolla. Inductiva (o sintetizante): se acumulan casos y datos, y la tesis llega al final como conclusión. Encuadrada: la tesis se enuncia al principio y se reformula al cierre. Y muy a menudo contrastiva, oponiendo un antes y un ahora, un ellos y un nosotros. En las columnas de opinión lo más frecuente es la inductiva y la contrastiva combinadas: se contrapone un pasado a un presente y de ahí se extrae la tesis.
La estructura son las partes, y una estructura vale poco si no está delimitada: «introducción, nudo y desenlace» sin decir dónde empieza cada parte no responde, y además nudo y desenlace son categorías narrativas, no de un artículo. Para cada parte di tres cosas: dónde está (líneas o párrafos), qué contiene y qué función cumple en el conjunto (planteamiento, desarrollo por contraste, conclusión y tesis). La función es lo que convierte la descripción en razonamiento.
«Razonadamente» significa justificar los cortes con marcas objetivas del texto: un cambio de tiempo verbal (del imperfecto del recuerdo al presente del comentario), un conector que abre una fase nueva (pero, por eso, imagino que), un cambio de persona gramatical (del nosotros evocador al yo que opina), un cambio de modalidad (de la enunciación a la pregunta) o un cambio de referente. Nombrar los conectores concretos es la prueba de que describes ese texto y no aplicas una plantilla.
3 Tipología, género e intención: tres preguntas que se parecen y no son la misma
La tipología textual describe cómo organiza la información un texto: narrar, describir, exponer, argumentar, dialogar. Cada tipo deja marcas: el narrativo, verbos de acción, pretéritos y conectores temporales; el descriptivo, adjetivación y verbos de estado; el expositivo, tercera persona, datos, léxico denotativo y orden lógico; el argumentativo, una tesis con argumentos, modalización y conectores lógicos. El género discursivo es otra cosa: la forma social que adopta el texto, columna o artículo de opinión (firmado, subjetivo), editorial (voz institucional, sin firma), ensayo (argumentativo, con densidad conceptual), noticia o reportaje. Son cosas relacionadas pero distintas, y decir «es un artículo» no responde a la pregunta por la tipología.
Los textos de partida de este examen son casi sin excepción artículos de opinión, columnas, editoriales o ensayos de actualidad, y por eso la respuesta buena combina las dos capas y admite mezclas: «texto expositivo-argumentativo, del género artículo de opinión, con secuencias narrativas al inicio». Ojo con el texto híbrido: si arranca contando una anécdota personal y luego argumenta, la tipología dominante no es la de la primera secuencia sino la del conjunto; la anécdota es el arranque retórico de una argumentación.
La intención comunicativa (o finalidad) es para qué escribe el autor: qué quiere conseguir del lector. No es de qué habla (eso es el tema) ni qué opina (eso es la tesis). En un texto de opinión casi nunca es informar: suele ser una combinación, criticar y concienciar, reflexionar y persuadir, y decirlo así, combinado, demuestra más finura que una etiqueta sola. Se justifica con marcas citadas: léxico valorativo, ironía, interrogaciones retóricas, la primera persona del plural que busca la complicidad del lector, los modalizadores, el cierre sentencioso. Si te preguntan por las funciones del lenguaje, en la opinión predominan la expresiva y la apelativa, apoyadas en la referencial y en la poética.
4 Cada rasgo, con su ejemplo y su función
Es el apartado donde se decide el comentario, y la regla es una: sin función no hay nota. Un listado de elementos («sustantivos abstractos, adjetivos, verbos en presente») no puntúa; lo que puntúa es decir qué produce cada rasgo en el texto. Estructura cada observación en tres pasos: rasgo (qué hay), ejemplo entre comillas (dónde) y función (para qué sirve). «El texto emplea preguntas retóricas (“¿Una rotura o una interrupción brusca es algo deseable?”), un recurso propio de la argumentación que implica al lector y refuerza la tesis crítica». Nunca «hay preguntas retóricas» a secas. Y si dices «hipérbaton», señala la palabra desordenada: sin ejemplo, no cuenta.
El repertorio que de verdad aparece en estos textos, con su función. Nivel morfosintáctico: el presente atemporal, que da a las afirmaciones valor de verdad general; la primera persona del singular, que subjetiviza y da autoridad testimonial, y la del plural, que hace corresponsable al lector; la modalidad interrogativa y exclamativa, que dialoga con él; la subordinación compleja, propia del registro culto y del razonamiento; los conectores, que guían la argumentación. Nivel léxico: léxico culto y abstracto, adjetivación valorativa que revela la postura, campos semánticos que muestran la cohesión temática, citas de autoridad. Nivel retórico: la ironía (el recurso estrella de la columna), la metáfora y el símil, la repetición, la anáfora y el paralelismo, la antítesis, la hipérbole. Mejor cinco rasgos con su función que quince en lista.
La misma lógica vale para la modalización y la cohesión. Marcas de subjetividad: primera persona, léxico valorativo, verbos de opinión, modalizadores de duda o certeza, figuras retóricas, modalidad no enunciativa. Marcas de objetividad: tercera persona, datos verificables, léxico denotativo, presente atemporal. Un texto de opinión combina zonas objetivas, para dar credibilidad, y subjetivas, para argumentar; nunca es puro de un solo tipo. Y los mecanismos de cohesión (recurrencia léxica, sinonimia, campos semánticos, anáfora y catáfora, deixis, elipsis, conectores) se nombran siempre con su ejemplo entrecomillado: un mecanismo sin ejemplo no puntúa.
5 Tu argumentación: tesis clara, dos razones distintas y una objeción rebatida
Cuando el examen te pide un texto argumentativo propio, evalúa tres cosas: una tesis clara, argumentos que la sostengan y expresión correcta, en la extensión que marque el enunciado. Es sobre el contenido del texto y hay que posicionarse: «hay opiniones para todo» no es una tesis, y si la pregunta es «¿cree que…?», hay que responder. Tampoco es un resumen del texto: no repitas lo que dice el autor, discute con él. Y huye de las fórmulas estereotipadas («desde el principio de los tiempos el ser humano…», «este es un tema muy importante en la sociedad actual»): el criterio las castiga por nombre.
Elige la estructura antes de escribir, y que se reconozca. La encuadrada (tesis, argumentos, reformulación de la tesis) es la más segura; la deductiva, la inductiva y la dialéctica (tesis contraria, refutación, tesis propia) también valen si son coherentes. Un molde que cabe en cualquier extensión: introducción con la tesis sin rodeos; argumento uno, el más fuerte, con explicación y ejemplo; argumento dos, de otro tipo; contraargumento reconocido y rebatido («es cierto que…, sin embargo…»), que demuestra madurez; conclusión que reformula sin repetir igual. Ten nombres para los tipos de argumento (de autoridad, de ejemplo, de datos, de causa y efecto, analógico, de valores) para no repetir tres veces el mismo razonamiento.
Dos avisos que separan notas. El primero: dos argumentos son dos razones distintas; repetir la misma idea con otras palabras no cuenta como segundo argumento. El segundo: los conectores son el andamiaje visible, y uno bien puesto por párrafo (en primer lugar, sin embargo, por tanto, por ejemplo) vale más que quince; un texto con quince conectores no parece organizado, parece un ejercicio de conectores. Registro formal, sin muletillas conversacionales ni datos inventados, y cuenta las palabras, porque la extensión es criterio.
Para llevarte
- El tema se enuncia con un sustantivo abstracto y una precisión; la idea principal, con una oración; el resumen, con tus palabras, objetivo y dentro del límite.
- Organización es el recorrido (deductiva, inductiva, encuadrada, contrastiva); estructura son las partes, con líneas, contenido, función y un corte justificado por marcas del texto.
- Tipología (cómo organiza la información) y género (forma social: columna, editorial, ensayo) son dos capas; los textos del examen son casi siempre expositivo-argumentativos de opinión.
- La intención es para qué escribe el autor, no de qué habla, y se prueba con marcas citadas: léxico valorativo, ironía, interrogaciones retóricas, persona gramatical.
- Cada rasgo va con su ejemplo entre comillas y su función; el listado sin función no puntúa.
- En tu argumentativo: tesis en la primera línea, dos razones distintas, una objeción rebatida y la extensión contada.
Errores que restan
- El listado sin función: enumerar «sustantivos abstractos, presente, adjetivos» sin decir qué produce cada rasgo en el texto.
- Confundir tema con resumen o con asunto suelto: «la tecnología» no recoge el enfoque, y un párrafo tampoco es un tema.
- Copiar frases literales del original o colar una opinión en el resumen, que debe ser síntesis propia y objetiva.
- Responder la intención con el tema o con el tipo de texto: «hablar de las buenas maneras» o «es argumentativo» no dicen para qué escribe el autor.
- En el argumentativo, no mojarse, resumir el texto en vez de discutirlo o presentar un solo argumento disfrazado de dos.
Autochequeo
Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.
1. Un artículo critica que se adopten las nuevas tecnologías sin evaluar antes sus consecuencias. ¿Cuál de estas formulaciones enuncia bien el tema?
El tema es una línea: sustantivo abstracto más la precisión que recoge el enfoque del autor. «La tecnología» es un asunto suelto sin tesis, y suele costar la mitad de la nota del apartado; la segunda opción es un resumen, no un tema; la última responde a otra pregunta, la del tipo de texto.
2. ¿Cuál de estos fragmentos puede formar parte de un resumen bien hecho?
Un resumen es síntesis propia, objetiva y sin detalle: reformula con tus palabras las ideas principales. «Acierta» cuela una valoración y rompe la objetividad; la cita literal no demuestra síntesis, y el criterio prohíbe expresamente la paráfrasis frase a frase; los nombres propios, las cifras y los ejemplos son detalle, no idea principal.
3. En el apartado de rasgos lingüísticos has escrito: «El texto emplea preguntas retóricas». ¿Qué falta para que puntúe?
Sin función no hay nota: cada rasgo va con su prueba (el ejemplo) y con lo que produce en el texto. El listado largo es el error más caro del comentario, y un recurso sin ejemplo no cuenta; inventar figuras que no localizas se paga igual. Decir que el texto es argumentativo responde a otra pregunta.
4. Una columna firmada arranca contando una anécdota personal en pasado y después argumenta una tesis sobre un problema social. ¿Tipología y género?
La tipología dominante es la del conjunto, no la de la primera secuencia: la anécdota es el arranque retórico de una argumentación. La segunda opción cruza las capas (artículo de opinión es el género, la forma social; argumentativo es la tipología, cómo organiza la información). Y una adjetivación puntual no convierte un texto en descriptivo.
5. Una columna denuncia la degradación de la vida pública con léxico como «albañal político» y «basura social», animaliza a los adversarios y cierra con una interrogación retórica. ¿Cuál es su intención comunicativa?
La intención es para qué escribe el autor: se nombra con precisión y se prueba con marcas; aquí, crítica y concienciación. «Hablar de…» es el tema, no el propósito; informar casi nunca es la intención de una columna, y menos con ese léxico; y «argumentativo» describe la forma, no la finalidad.
La pregunta que decide si lo tienes
Una columna de opinión evoca en imperfecto la escuela de posguerra («cantábamos», «entonábamos», «nos obligaban») y el cuaderno de urbanidad con su niño ejemplar; salta con «imagino que aquel niño, al hacerse mayor…» al presente, donde ese niño se ha convertido en el adulto que insulta en el Congreso o esparce odio en las redes («albañal político», «un fanático que rebuzna cuando opina»); y cierra con «me gustaría saber dónde ha quedado aquel niño» y la sentencia de que, con la mitad de aquellas buenas maneras, el país tendría resueltos más de la mitad de sus problemas. Indica su tipología y género, expón razonadamente su organización y su estructura, y explica la intención comunicativa del autor con marcas del texto.
Pista 1
Mira dónde está la tesis: no abre el texto, llega al final. Y fíjate en los tiempos verbales: imperfectos en la primera parte, presentes en la segunda. Eso te da la organización y te marca dónde cortar.
Pista 2
Para la tipología, no te quedes en la evocación inicial: pregúntate qué hace el texto en conjunto. Para la intención, recoge dos o tres marcas concretas (léxico valorativo, animalización, interrogación retórica, primera persona del plural) y di qué busca cada una en el lector.
Solución
Tipología y género: es un texto expositivo-argumentativo con una secuencia narrativa inicial, y el género es la columna o artículo de opinión, firmado y subjetivo. La evocación escolar es el arranque retórico de una argumentación, no la tipología dominante. Organización: inductiva y contrastiva. El autor no empieza afirmando su tesis; opone un pasado a un presente y solo al final formula la conclusión. El contraste se sostiene en el cambio de tiempos verbales, los imperfectos de la evocación («cantábamos», «entonábamos») frente a los presentes del comentario («insulta», «rebuzna»). Estructura, en tres partes: la primera, desde el inicio hasta la descripción del niño modelo, con función de planteamiento, porque construye el término positivo del contraste; la segunda, desde «imagino que aquel niño» hasta el retrato del adulto actual, con función de desarrollo por contraste, y el corte se justifica por el salto temporal y por el verbo «imagino», que introduce la hipótesis; la tercera, desde «me gustaría saber dónde ha quedado aquel niño» hasta el final, con función de conclusión y tesis, marcada por el regreso a la primera persona del singular y por el cierre sentencioso. Intención: crítica y a la vez reflexiva. Denuncia la degradación de la vida pública y lleva al lector a relacionarla con la pérdida de las normas de convivencia; no pretende informar, sino mover al lector a compartir esa valoración. Lo prueban el léxico fuertemente valorativo con que designa el presente («albañal político»), la animalización que ridiculiza a los adversarios («rebuzna»), la interrogación retórica que no busca respuesta sino complicidad, el cierre sentencioso que formula la tesis como conclusión moral y la primera persona del plural de la evocación, que construye una comunidad de experiencia con el lector. Fíjate en que cada afirmación lleva su marca citada: eso es lo que distingue un comentario que puntúa de uno que solo etiqueta.