tema 02 de 03 · Historia de la Filosofía
Filosofía moderna: Descartes y Kant
Descartes y Kant abren y cierran la Modernidad con la misma pregunta: ¿qué puedo conocer con certeza? El primero responde con una duda que busca una roca firme; el segundo, poniendo límites a la propia razón. Los dos caen mucho como texto y son la pareja de comparación que más rinde en el examen.
Qué te va a pedir el examen
- «Expón el método cartesiano» y el recorrido de la duda metódica hasta el cogito.
- «Explica el sentido de la frase “pienso, luego existo” en el conjunto del pensamiento del autor».
- «Desarrolla la ética formal kantiana»: deber, imperativo categórico y autonomía frente a las éticas de la felicidad.
- «Define y relaciona» imperativo categórico e imperativo hipotético, o fenómeno y noúmeno.
- «Compara a Descartes y a Kant sobre el conocimiento», o «comenta un fragmento» de las Meditaciones, el Discurso del método o la Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
1 La duda que busca certeza
Descartes escribe cuando la revolución científica ha derribado la física aristotélica y la autoridad ya no basta: la pregunta filosófica pasa del ser al conocimiento. Quiere un saber tan seguro como las matemáticas, y para eso formula un método con cuatro reglas: evidencia (aceptar solo lo claro y distinto), análisis (dividir cada dificultad), síntesis (ir de lo simple a lo complejo) y enumeración (revisar sin omitir nada).
La duda es la aplicación del método. Descartes rechaza provisionalmente todo aquello de lo que se pueda dudar, en tres oleadas: los sentidos engañan a veces (el remo que parece torcido en el agua); no hay criterio infalible para distinguir la vigilia del sueño; y un genio maligno podría engañarme incluso en las verdades matemáticas más simples. Es una duda metódica, universal e hiperbólica.
Aquí está el matiz que separa una respuesta correcta de una que resta: la duda cartesiana no es escepticismo. Descartes no afirma que todo sea falso; suspende el asentimiento como instrumento para encontrar una certeza que resista la duda. Dudar es un medio, no una conclusión.
2 El cogito y lo que se reconstruye desde él
La certeza aparece en el acto mismo de dudar: mientras dudo, pienso; y si pienso, existo. «Pienso, luego existo» no se deduce mediante un silogismo, sino que se capta con evidencia en el propio acto de pensar. Es la primera verdad indudable y, además, el modelo de lo que será el criterio de verdad: son verdaderas las ideas claras y distintas. Lo único que la duda deja en pie es el yo pensante, la res cogitans, sustancia cuya esencia es pensar.
Desde ahí se reconstruye el saber. Descartes es innatista: la razón posee ideas, como la de infinito o la de Dios, que no vienen de la experiencia. De la idea de perfección deduce la existencia de Dios, y de un Dios que no engaña, la existencia del mundo exterior que percibo con claridad y distinción. Quedan así tres sustancias: la pensante (el yo), la extensa (res extensa, el cuerpo y la materia, descrita en términos geométricos) y la infinita (Dios).
De las dos primeras nace el dualismo antropológico: el ser humano es unión de alma y cuerpo, dos realidades heterogéneas cuya interacción Descartes dejó sin explicar. Un aviso para el comentario: si el fragmento es de la duda o del cogito, explica su función dentro del método y no adelantes como si toda la física cartesiana estuviera ya demostrada.
3 Kant: el giro copernicano
Kant reconoce que Hume, con su crítica de la causalidad, lo «despertó del sueño dogmático»: si la causalidad fuera solo un hábito, la ciencia no tendría fundamento. Su síntesis toma algo de cada bando: con los empiristas, todo conocimiento comienza con la experiencia; con los racionalistas, no todo procede de ella, porque el sujeto aporta formas a priori. Es el giro copernicano: no es el conocimiento el que se ajusta a los objetos, sino los objetos los que se ajustan a las estructuras del sujeto.
Conocer es construir el objeto aplicando a los datos de los sentidos las formas puras de la sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del entendimiento (causalidad, sustancia, unidad). Así explica Kant los juicios sintéticos a priori en que consiste la ciencia: amplían el saber (sintéticos) y son universales y necesarios (a priori), porque proceden de estructuras iguales en todo sujeto. La causalidad deja de ser costumbre y pasa a ser una categoría que hace posible la experiencia.
El precio es un límite. Conocemos solo el fenómeno, la cosa tal como se nos aparece; el noúmeno, la cosa en sí, podemos pensarlo pero no conocerlo. Como las categorías solo valen aplicadas a la experiencia posible, la metafísica tradicional (Dios, el alma como sustancia, el mundo como totalidad) no puede ser ciencia: cuando la razón intenta demostrarlos, cae en contradicciones, las antinomias. Esas ideas quedan como postulados de la razón práctica: la moral los exige sin poder probarlos.
4 La ética del deber
La ética kantiana es formal y autónoma: no dice qué hacer, sino cómo debe ser una acción para ser moral. Empieza por la buena voluntad: talentos, salud o riqueza pueden usarse mal; solo una voluntad buena lo es sin restricción, y su valor no depende del éxito ni de las consecuencias, sino de querer conforme al deber. De ahí la distinción clave: actuar conforme al deber no es actuar por deber. El comerciante que cobra el precio justo para no perder clientes hace lo correcto, pero por interés; quien hace lo correcto aun contra su inclinación muestra que su móvil es el respeto a la ley moral.
Esa ley es el imperativo categórico, que manda incondicionalmente, frente a los imperativos hipotéticos («si quieres X, haz Y»), que dependen de un fin y no son morales. Dos formulaciones que conviene citar juntas: la de universalidad («obra solo según una máxima tal que puedas querer que se convierta en ley universal») y la del fin en sí («trata a la humanidad, en ti y en los demás, siempre como fin y nunca solo como medio»). El test de la primera: la promesa falsa falla porque, si todos prometieran engañando, la práctica misma de prometer perdería sentido. La máxima se contradice al universalizarse.
El núcleo es la autonomía: la voluntad racional se da a sí misma la ley, en vez de recibirla de fuera (placer, recompensa, autoridad, naturaleza), que sería heteronomía. Autonomía no es hacer lo que uno quiere: es obedecer una ley que la razón reconoce como universal. Por eso Kant se opone a las éticas de la felicidad (Aristóteles, el utilitarismo), que hacen depender la moral de un fin externo. No condena los sentimientos; niega que sean el fundamento de la obligación.
5 Descartes y Kant frente a frente
Los dos parten de la razón y los dos rechazan el escepticismo, pero discrepan en el alcance. Para Descartes, la razón que sigue el criterio de las ideas claras y distintas puede conocer sustancias: el yo pensante, Dios y el mundo extenso. Para Kant, la razón teórica solo conoce fenómenos; pretender conocer la sustancia en sí, el alma o Dios es salirse de la experiencia posible. El «yo pienso» kantiano es la unidad que acompaña a mis representaciones, no una sustancia conocida.
Esa es la plantilla de la comparación que puntúa: problema común (qué puede conocer la razón), tesis de Descartes, tesis de Kant contrastada en el mismo eje, y un cierre valorativo. Lo que resta es nombrar al segundo autor sin contrastar, o escribir todo lo que sabes de Kant sin responder a la frase que te han dado.
Para llevarte
- La duda cartesiana es metódica, no escéptica: suspende el juicio para encontrar una certeza, y esa certeza es el cogito, captado con evidencia en el acto de pensar.
- Del cogito Descartes reconstruye el saber: ideas claras y distintas como criterio, ideas innatas, Dios como garante y tres sustancias (pensante, extensa, infinita).
- El giro copernicano de Kant: el objeto se ajusta a las formas a priori del sujeto (espacio, tiempo, categorías). Por eso hay juicios sintéticos a priori y la ciencia es universal y necesaria.
- Solo conocemos el fenómeno; el noúmeno se piensa, no se conoce. La metafísica no puede ser ciencia y sus objetos quedan como postulados de la razón práctica.
- Una acción es moral cuando se hace por deber, no solo conforme al deber; el imperativo categórico manda sin condiciones, con las formulaciones de universalidad y de fin en sí.
- Autonomía es que la voluntad se dé a sí misma una ley universal, no hacer lo que uno quiere; frente a ella, las éticas de la felicidad son heterónomas.
Errores que restan
- Tomar la duda metódica por escepticismo, como si Descartes concluyera que nada puede conocerse o que todo es falso.
- Presentar el cogito como un silogismo, o comentar un fragmento de la duda dando por demostrada ya toda la física cartesiana.
- Cruzar autores en el eje del conocimiento: atribuir a Kant que la causalidad es un hábito (Hume) o a Descartes un yo que es solo haz de percepciones.
- Convertir la ética kantiana en una ética de consecuencias o de felicidad, o confundir «fin en sí» (las personas) con fin como meta o resultado.
- Entender la autonomía como hacer lo que uno quiere, cuando es obedecer la ley que la propia razón reconoce como universal.
Autochequeo
Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.
1. Descartes duda de los sentidos, de la vigilia y hasta de las verdades matemáticas. ¿Qué está haciendo?
La duda es un instrumento del método, no una conclusión: Descartes no afirma que todo sea falso, lo aparta provisionalmente hasta dar con algo indudable. Leerla como escepticismo es el error más documentado del tema; y Hume llega a su escepticismo por el camino contrario, negando ideas innatas y conexión necesaria, no buscando una certeza racional.
2. ¿Cómo alcanza Descartes la certeza «pienso, luego existo»?
El cogito es la primera certeza, anterior a Dios: Dios se deduce después, desde la idea de perfección, y es él quien garantiza el mundo exterior, no el cogito. Los sentidos son lo primero que cae bajo la duda. Y el material insiste en que no es un silogismo: la certeza se ve, no se demuestra a partir de premisas.
3. Para Kant, ¿qué es la causalidad?
Kant responde a Hume convirtiendo la causalidad en categoría: condición necesaria para que haya experiencia objetiva, y por eso universal. El hábito es la tesis de Hume, la que Kant quiere superar; la idea innata es Descartes; y decir que está en las cosas en sí contradice el límite fenómeno-noúmeno.
4. Un comerciante cobra el precio justo para conservar a sus clientes. ¿Cómo valora Kant esa acción?
Es el ejemplo que usa el propio Kant: la acción coincide con el deber, pero el móvil es la conveniencia, y el valor moral está en el querer por deber, no en el resultado. Juzgarla por sus consecuencias o por la felicidad general es razonar como utilitarista; y cobrar un precio justo no cosifica a nadie.
5. ¿Qué significa que la voluntad moral es autónoma?
Autonomía es legislarse a uno mismo por la razón: obedecer una ley que puedo querer para todos. «Hacer lo que quiero» confunde autonomía con capricho, el error que el material señala expresamente. Recibir la ley de Dios o de la sociedad, o buscar la felicidad, es heteronomía: el principio viene de fuera de la razón.
La pregunta que decide si lo tienes
Compara la posición de Descartes y la de Kant sobre lo que la razón puede conocer, y explica por qué Kant sostiene que la metafísica no puede ser ciencia.
Pista 1
Fija el problema común: el alcance de la razón. Descartes confía en que, siguiendo el criterio de las ideas claras y distintas, la razón conoce sustancias (el yo, Dios, el mundo). Kant acepta el punto de partida racional, pero pone un límite: solo conocemos lo que se nos aparece.
Pista 2
El límite se justifica con las categorías: valen únicamente aplicadas a la experiencia posible. Dios, el alma como sustancia y el mundo como totalidad no son experiencia posible, así que al intentar conocerlos la razón cae en antinomias. Piensa qué lugar les queda entonces: el de postulados de la razón práctica.
Solución
El problema común es qué puede conocer la razón humana con certeza. Descartes, tras la duda metódica, encuentra en el cogito una primera verdad indudable y convierte su evidencia en criterio: son verdaderas las ideas claras y distintas. Con ese criterio, y apoyándose en ideas innatas como la de infinito, la razón alcanza a conocer sustancias: el yo como res cogitans, Dios como sustancia infinita que garantiza la verdad, y el mundo como res extensa. La razón, bien conducida, llega hasta la realidad misma. Kant comparte la confianza en la razón frente al escepticismo, pero le da un giro: no es el conocimiento el que se ajusta a las cosas, sino las cosas las que se ajustan a las formas a priori del sujeto, espacio y tiempo en la sensibilidad y las categorías en el entendimiento. Eso explica que la ciencia tenga juicios sintéticos a priori, universales y necesarios, pero fija a la vez su límite: solo conocemos el fenómeno, nunca el noúmeno o cosa en sí, que podemos pensar pero no conocer. Ahí se separa de Descartes: la sustancia en sí, el alma como sustancia y Dios ya no son objetos de conocimiento teórico. Y por eso la metafísica no puede ser ciencia. Las categorías solo producen conocimiento aplicadas a la experiencia posible; Dios, el alma y el mundo como totalidad están más allá de toda experiencia, de modo que, cuando la razón pura intenta demostrarlos, cae en contradicciones, las antinomias. No es que Kant los niegue: quedan como postulados de la razón práctica, exigidos por la moral sin poder probarse. Descartes conoce con la razón lo que Kant solo puede pensar con ella.