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tema 01 de 03 · Historia de España

La Segunda República

Es el tema que más se presta a mezclar etapas: en cinco años pasan muchas cosas y casi todas tienen nombre propio. La buena noticia es que el examen suele darte la estructura en el propio enunciado (proclamación y Constitución, bienio reformista, bienio conservador, Frente Popular). Si respetas ese orden y sabes qué hizo cada etapa con las reformas, el tema se ordena solo.

Qué te va a pedir el examen

1 De unas elecciones municipales a un cambio de régimen

La República no llega por un golpe, llega por unas elecciones municipales. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) había desprestigiado a la monarquía que la amparó, y los intentos de volver a la normalidad constitucional (la «dictablanda» de Berenguer, el gobierno de Aznar) llegaron tarde. En agosto de 1930 la oposición firmó el Pacto de San Sebastián: republicanos, socialistas y nacionalistas catalanes con un solo objetivo, derribar la monarquía.

Las municipales del 12 de abril de 1931 se convirtieron en un plebiscito de hecho. Los monárquicos obtuvieron más concejales en el conjunto del país, gracias al voto rural controlado por los caciques, pero los republicanos ganaron de forma aplastante en las capitales y las grandes ciudades, donde el voto era libre. La lectura política fue inequívoca: Alfonso XIII abandonó España sin abdicar y el 14 de abril de 1931 se proclamó la República de forma pacífica y con enorme entusiasmo popular.

Se formó un Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora, republicano conservador y católico, con un espectro amplísimo (republicanos de izquierda y de derecha, socialistas, nacionalistas) que convocó Cortes constituyentes para junio. Ya en mayo apareció el primer conflicto: la quema de conventos enfrentó a la República con buena parte del catolicismo antes incluso de legislar sobre religión. Conviene recordarlo, porque explica lo que viene.

2 La Constitución de 1931: avanzada, laica y sin consenso

Las Cortes constituyentes, elegidas en junio de 1931 por sufragio universal masculino y con mayoría de republicanos de izquierda y socialistas, aprobaron en diciembre de 1931 una Constitución muy avanzada. España se define como «una República democrática de trabajadores de toda clase», con soberanía popular, Cortes unicamerales, un Tribunal de Garantías Constitucionales, una amplia declaración de derechos sociales y la posibilidad de expropiación con utilidad social. Es un Estado integral compatible con la autonomía de las regiones, la puerta por la que entra el Estatuto de Cataluña de 1932.

El dato que más se pregunta es el voto femenino, reconocido por primera vez en la historia de España, antes que en Francia o en Italia. En el debate, Clara Campoamor lo defendió con argumentos de igualdad y Victoria Kent pedía retrasarlo por temor a la influencia de la Iglesia sobre el voto de las mujeres. El matiz que separa una respuesta correcta de una que resta: se reconoció en 1931 y se ejerció por primera vez en las elecciones de noviembre de 1933.

El punto más polémico fue la cuestión religiosa (el artículo 26): Estado sin religión oficial, supresión del presupuesto de culto y clero, disolución de la Compañía de Jesús, prohibición de enseñar a las órdenes religiosas, matrimonio civil y divorcio. Sus consecuencias políticas fueron enormes: Alcalá-Zamora y Maura, los dos ministros católicos, dimitieron por él, y la derecha encontró su bandera movilizadora más eficaz, en torno a la cual se organizó la CEDA de Gil-Robles. Es el dilema de la República en una frase: una legislación coherente con su ideario que le costó un enemigo social de primera magnitud. Y su debilidad de fondo: se aprobó con la derecha ausente y débil, sin consenso, justo la lección que se tuvo en cuenta en 1978.

3 El bienio reformista (1931-1933): todas las reformas a la vez

Aprobada la Constitución, Alcalá-Zamora pasa a Presidente de la República y Manuel Azaña forma gobierno con republicanos de izquierda y socialistas. El programa es modernizar España con reformas simultáneas, en plena crisis económica mundial. La reforma agraria (Ley de Bases de septiembre de 1932) preveía expropiar grandes fincas y asentar campesinos para atacar el latifundismo del sur, pero se aplicó con tanta lentitud que decepcionó a los jornaleros mientras alarmaba a los propietarios: demasiado tímida para los de abajo, demasiado audaz para los de arriba. Es la clave explicativa del tema.

Las demás reformas siguieron la misma lógica de abrir frentes. La militar redujo la oficialidad con retiro voluntario y sueldo íntegro y se ganó la enemistad de parte del Ejército (intentona de Sanjurjo, agosto de 1932). La religiosa, con la legislación laica, fue la más divisiva. La educativa, la más exitosa: miles de escuelas públicas, laicas, mixtas y gratuitas, y las Misiones Pedagógicas llevando la cultura al campo. Las laborales de Largo Caballero (jornada de ocho horas, jurados mixtos) y el Estatuto de Cataluña de 1932 completaron el cuadro.

El desgaste vino por los dos flancos: por la derecha, Sanjurjo y la organización de la CEDA; por la izquierda, las insurrecciones anarquistas y, sobre todo, los sucesos de Casas Viejas (enero de 1933), cuya represión hundió la imagen del Gobierno. En las elecciones de noviembre de 1933, las primeras con voto femenino, ganó la derecha por tres razones: la CEDA se presentó unida, las izquierdas fueron divididas y la CNT llamó a la abstención.

4 El bienio conservador (1933-1935) y octubre de 1934

Gobernó el Partido Radical de Lerroux con el apoyo parlamentario de la CEDA. Se le llama también radical-cedista o «rectificador», y el nombre lo dice todo: su programa fue frenar y revertir las reformas del bienio anterior. Se paralizó la reforma agraria y se devolvieron tierras, se suspendió la legislación laicista, se amnistió a los golpistas de 1932 y se congeló el desarrollo autonómico. Las mismas reformas, con el verbo cambiado: eso es lo que hay que tener claro para no mezclar los bienios.

En octubre de 1934 Lerroux dio entrada a tres ministros de la CEDA en el Gobierno. Las izquierdas lo interpretaron como el paso previo a un régimen autoritario, con el precedente austriaco reciente, y estalló la Revolución de octubre de 1934. En Asturias, la insurrección obrera (UGT, CNT y comunistas unidos) tuvo verdadera dimensión revolucionaria y fue reprimida con extrema dureza por el Ejército de África, con Franco al frente de la operación. En Cataluña, Companys proclamó el «Estat Català» y la revuelta se sofocó en horas; el Estatuto quedó suspendido.

Las consecuencias fueron cárcel para los dirigentes de la izquierda (Azaña incluido, aunque no participó), una fractura social profundísima y la violencia política convertida en instrumento habitual. El bienio terminó desgastado por dos escándalos de corrupción, el estraperlo y el caso Nombela, que hundieron al Partido Radical. Alcalá-Zamora convocó elecciones.

5 El Frente Popular: de febrero a julio de 1936

La izquierda aprendió de 1933: dividida perdía. Republicanos de izquierda, socialistas y comunistas formaron el Frente Popular con un programa de amnistía para los presos de octubre de 1934 y de retorno a las reformas, y ganaron las elecciones de febrero de 1936; esta vez fue la derecha la que fue dividida. Azaña formó gobierno y luego pasó a Presidente de la República, con Casares Quiroga en la jefatura del Gobierno. Se decretó la amnistía, se reanudó la reforma agraria (ahora con mucha más rapidez) y se restableció el Estatuto catalán.

El clima, sin embargo, se degradó a toda velocidad: violencia callejera entre milicias de izquierda y falangistas, huelgas, ocupaciones de tierras. Sectores del Ejército conspiraban desde marzo, con el general Mola como organizador desde Pamplona y Franco incorporándose desde Canarias. Dos asesinatos precipitaron el final: el del teniente Castillo y, como represalia, el del diputado monárquico Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, que sirvió de detonante y de justificación a un golpe que ya estaba preparado. El 17-18 de julio se sublevó parte del Ejército, primero en Marruecos y después en la Península; al fracasar en media España y triunfar en la otra, no hubo golpe consumado sino guerra.

Termina siempre con el porqué. La República fue el primer régimen plenamente democrático de la historia de España y fracasó por una suma de causas: la crisis económica internacional que privó de recursos a las reformas, una polarización que dejó sin espacio al centro, la deslealtad de parte del Ejército y de la derecha con el sistema, la impaciencia de una izquierda que a veces apostó por la vía insurreccional, y el error de acometer todas las reformas a la vez. Su memoria pesó en la Transición: el consenso de 1975-1978 se explica en buena parte por la voluntad de no repetir los años treinta.

Para llevarte

Errores que restan

Autochequeo

Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.

1. ¿Qué etapa de la República paralizó y revirtió las reformas de la etapa anterior?

2. ¿Cuándo se reconoció el voto femenino en España y cuándo se ejerció por primera vez?

3. ¿Cómo dejó el trono Alfonso XIII en abril de 1931?

4. ¿Qué hecho desencadenó la Revolución de octubre de 1934?

5. ¿Qué papel tuvo el asesinato de Calvo Sotelo en la sublevación de julio de 1936?

La pregunta que decide si lo tienes

Explica las causas de la formación del Frente Popular, sus actuaciones tras la victoria de febrero de 1936 y los preparativos de la sublevación militar.

Pista 1

Empieza antes de 1936. La causa del Frente Popular está en el bienio anterior: la reversión de las reformas, la represión de octubre de 1934 con los dirigentes en la cárcel, y la lección de 1933, cuando la izquierda fue dividida y perdió. Con eso tienes el primer bloque.

Pista 2

Para las actuaciones, piensa en tres decisiones (amnistía, reforma agraria reanudada, Estatuto catalán restablecido) y en el clima que las rodea. Para los preparativos, ordena la cadena: conspiración desde marzo con Mola, Franco desde Canarias, asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio y sublevación del 17-18. Cierra con por qué el golpe se convierte en guerra.

Solución

El Frente Popular nace de la experiencia del bienio radical-cedista (1933-1935). Las elecciones de noviembre de 1933 las había ganado la derecha porque la CEDA se presentó unida y las izquierdas divididas; el Gobierno de Lerroux, apoyado por la CEDA, paralizó la reforma agraria, suspendió la legislación laicista y congeló las autonomías, y la entrada de tres ministros cedistas en octubre de 1934 provocó la insurrección de Asturias y la proclamación del Estat Català, reprimidas con dureza y seguidas de encarcelamientos masivos. De ahí la coalición: republicanos de izquierda, socialistas y comunistas se unen con un programa de amnistía para los presos de 1934 y de recuperación de las reformas, y ganan en febrero de 1936 con la derecha ahora dividida. Tras la victoria, Azaña forma gobierno y pasa después a la Presidencia de la República, con Casares Quiroga como jefe del Gobierno; se decreta la amnistía, se reanuda la reforma agraria con mucha más rapidez y se restablece el Estatuto de Cataluña. Pero el clima se degrada: violencia callejera entre milicias de izquierda y falangistas, huelgas, ocupaciones de tierras, y una derecha que abandona la vía parlamentaria. Sectores del Ejército conspiran desde marzo, con Mola como organizador desde Pamplona y Franco incorporándose desde Canarias; el asesinato del teniente Castillo y, como represalia, el de Calvo Sotelo el 13 de julio sirven de detonante y de justificación a un golpe ya preparado. El 17 de julio se subleva el Ejército de África y el 18 la Península. El golpe fracasa en las grandes ciudades y triunfa en las zonas agrarias y conservadoras: ese fracaso parcial es lo que convierte la sublevación en una guerra civil. Fíjate en que la respuesta entera es una cadena causal: sin el bienio conservador no hay Frente Popular, sin su victoria no hay conspiración, y sin fracaso parcial del golpe no hay guerra.

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