Historia del Arte
Renacimiento y Barroco en la PAU: El Greco, Velázquez y Goya
El equilibrio renacentista frente al movimiento barroco: rasgos para identificarlos y claves de El Greco, Velázquez y Goya, los más frecuentes en la PAU.
Hay un salto que casi nadie explica bien: pasar del románico y el gótico al Renacimiento y al Barroco no es solo cambiar de siglo, es cambiar de pregunta. Ya no se trata solo de leer el arco y la bóveda de un edificio: ahora te ponen un cuadro y tienes que decir, con la lámina delante, si esa composición está en equilibrio o en movimiento, si la luz es uniforme o de foco, si la escena está en reposo o a punto de estallar. Ahí es donde se pierde la nota: el alumno ha memorizado que “Las Meninas es de Velázquez” pero no sabe explicar por qué esa obra es barroca y no renacentista, ni distinguir un Greco manierista de un Zurbarán tenebrista.
Este artículo no repite el método de comentario (eso lo tienes en comentar obras de Historia del Arte en la PAU) ni la estrategia general de toda la asignatura (esa está en cómo aprobar Historia del Arte en la PAU). Tampoco vuelve sobre el arco y la bóveda medievales, que ya tienes resueltos en identificar si una obra es románica o gótica. Aquí vas a aprender a distinguir Renacimiento de Barroco por rasgos observables, y a manejar con precisión a los tres pintores españoles que más caen: El Greco, Velázquez y Goya.
Qué te va a pedir el examen
- Identifique y justifique el estilo: no basta con decir “Renacimiento” o “Barroco”, hay que señalar en la imagen qué composición, qué luz y qué grado de movimiento lo demuestran.
- Sitúe cronológicamente: por siglo o franja (Renacimiento, siglos XV-XVI; Barroco, siglo XVII), no por fecha exacta inventada.
- Comente los rasgos formales: composición, tratamiento de la luz, perspectiva, tema y función de la obra.
- Relacione la obra con su autor y su contexto: qué encargaba la corte, la Iglesia o la burguesía, y por qué ese encargo se nota en la forma.
- Sitúe a un pintor concreto en su etapa: sobre todo con Goya, donde situar mal la etapa cuesta la pregunta entera.
Renacimiento: el orden que se puede medir
El Renacimiento (Italia, siglo XV; España, sobre todo siglo XVI) busca un ideal de belleza basado en el orden, la proporción y la razón, recuperando el modelo clásico grecorromano. Todo en la composición se puede medir y se puede prever.
La composición es estable: predominan las líneas horizontales y verticales, la simetría y los esquemas cerrados (el triángulo o la pirámide, con el vértice arriba), que dan sensación de equilibrio y reposo. Las figuras se agrupan de forma ordenada, casi nunca amontonada.
La perspectiva es el gran invento técnico del periodo: la perspectiva lineal o cónica, con un punto de fuga único, matemático, que organiza el espacio de forma racional y mide la profundidad con precisión geométrica. El espacio se puede reconstruir con regla.
La luz es uniforme y clara, sin focos ni sombras dramáticas: ilumina la escena entera por igual, como luz de mediodía, y modela las formas sin ocultar nada.
El movimiento es contenido: las figuras están en reposo o en actitudes serenas, con gestos comedidos. El color suele ser claro y equilibrado, sin el contraste violento del periodo siguiente.
Barroco: la escena que te atrapa
El Barroco (siglo XVII) rompe ese orden a propósito. Busca implicar al espectador, emocionar y a menudo persuadir (la Iglesia de la Contrarreforma y las monarquías absolutas lo usan como propaganda visual), y todo en la composición trabaja para eso.
La composición se organiza en diagonal, con líneas oblicuas que cruzan el cuadro y generan tensión, y con esquemas abiertos que parecen desbordar el marco, como si la escena continuara fuera de la imagen. Las figuras se agrupan en masas dinámicas, no en filas ordenadas.
La perspectiva sigue siendo racional (el Barroco no abandona la perspectiva lineal del Renacimiento), pero se pone al servicio del efecto: escorzos violentos, puntos de vista forzados, composiciones que buscan sorprender antes que medir.
La luz es el rasgo más fácil de leer en una lámina: es dirigida, de foco, como si viniera de un punto concreto y no de todas partes. Cuando ese contraste entre luz y sombra es muy fuerte y con transiciones bruscas se llama claroscuro; cuando además la sombra domina casi toda la escena y solo un haz de luz recorta las figuras, se habla de tenebrismo (Caravaggio en Italia; Ribera y el primer Zurbarán en España).
El movimiento es explícito: cuerpos en torsión, telas agitadas, gestos exagerados, expresiones intensas. El tema se dramatiza: el éxtasis místico, el martirio, la batalla, la escena cotidiana elevada a protagonista (el naturalismo cotidiano de bodegones y escenas populares también es barroco).
La trampa del manierismo
Entre Renacimiento y Barroco hay una fase de transición, el manierismo (aproximadamente 1520-1600), que conviene nombrar en vez de forzarla dentro de uno de los dos estilos. El manierismo alarga y retuerce la figura humana, usa un color a veces irreal y una composición inestable, pero sin llegar todavía al dramatismo lumínico ni a la implicación directa del espectador que caracteriza al Barroco pleno. El Greco es la figura española que mejor representa este tránsito, y por eso hay que tratarlo con matiz, no con la etiqueta rápida de “barroco” que se le pone por error.
El Greco: la figura que se estira hacia arriba
Doménikos Theotokópoulos, El Greco (Creta, 1541 - Toledo, 1614), se forma en la tradición bizantina, pasa por Venecia y Roma, y se instala en Toledo, donde desarrolla un estilo propio que no encaja del todo ni en el Renacimiento ni en el Barroco: es manierista, con una espiritualidad muy personal.
Rasgos para reconocerlo en una lámina: figuras alargadas y estilizadas, casi deformadas hacia arriba, como si el cuerpo buscara escapar de la gravedad; color irreal y frío, con azules, grises y blancos que no responden a la luz natural; composición inestable, con las figuras dispuestas en columnas verticales ascendentes; y una luz propia, no naturalista, que ilumina desde dentro de la escena, casi mística.
Su obra de referencia es El entierro del conde de Orgaz (1586-1588), en la iglesia de Santo Tomé de Toledo: la mitad inferior, terrenal, con el cortejo fúnebre en tonos oscuros y figuras retratadas con precisión (incluido el propio pintor); la mitad superior, celestial, donde las figuras se estiran y el color se aclara hacia lo divino. Es el ejemplo perfecto de composición vertical ascendente y de esa frontera entre lo terrenal y lo espiritual que define su pintura.
Velázquez: el pintor que piensa el espacio
Diego Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660) es pintor de la corte de Felipe IV y la cumbre del Barroco español, pero un Barroco muy propio: sereno, sin el dramatismo religioso de Ribera o Zurbarán, centrado en el naturalismo, la luz y la construcción del espacio pictórico.
Su obra que más cae, y la que peor se explica en los exámenes, es Las Meninas (1656, Museo del Prado). No basta con decir que es genial; hay que poder justificar por qué:
- Perspectiva aérea: el fondo (la puerta abierta al fondo, con el aposentador José Nieto) se difumina y pierde definición frente a la nitidez de las figuras del primer plano. Así se sugiere profundidad sin depender solo de las líneas de fuga.
- Punto de fuga: se sitúa en la puerta del fondo, y organiza todo el espacio de la habitación con rigor geométrico, aunque la escena parezca una instantánea casual.
- El espejo del fondo: refleja a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, que estarían en el lugar del espectador, fuera del cuadro. Es el recurso que convierte la obra en una reflexión sobre quién mira y quién es mirado.
- El juego de miradas: la infanta Margarita en el centro, las meninas atendiéndola, el propio Velázquez pintando junto a un lienzo de gran tamaño cuyo reverso vemos, y varias figuras (incluido el pintor) mirando directamente hacia fuera, hacia el espectador, que ocupa el lugar de los reyes. Esa mirada cruzada convierte al que observa el cuadro en parte de la escena.
Otras obras de Velázquez que conviene reconocer por sus rasgos, no solo de memoria: Las hilanderas (hacia 1657, Museo del Prado), con dos planos de profundidad (el taller en primer término, la sala iluminada al fondo con el tapiz mitológico) y una pincelada suelta que anticipa recursos posteriores; y La rendición de Breda (1635, Museo del Prado), con composición equilibrada entre los dos bandos y un tratamiento humano, no triunfalista, de los vencidos.
Goya: un pintor, varias etapas
Francisco de Goya (Fuendetodos, 1746 - Burdeos, 1828) es el error de clasificación más frecuente del temario, porque su obra atraviesa el rococó, el neoclasicismo cortesano, el Romanticismo y anticipa incluso el expresionismo del siglo XX. Encasillarlo en un solo estilo es la manera segura de perder la pregunta.
- Etapa de cartones para tapices (1775-1792): escenas amables y luminosas de la vida popular madrileña, de gusto rococó, pintadas como modelos para la Real Fábrica de Tapices. Ejemplo: El quitasol (1777, Museo del Prado).
- Etapa de pintor de corte (desde 1786, pintor del rey desde 1799): retratos de precisión psicológica que ya no idealizan al modelo. La familia de Carlos IV (1800-1801, Museo del Prado) es el ejemplo de examen: composición de aparente pompa oficial que, en el tratamiento de los rostros, roza la crítica.
- Etapa de la Guerra de la Independencia y los desastres (desde 1808): la ruptura. El 3 de mayo de 1808 en Madrid (1814, Museo del Prado) usa un foco de luz brutal sobre el fusilado en camisa blanca, brazos en cruz, frente a los soldados anónimos y en fila: composición dramática, sin belleza clásica, puesta al servicio de la denuncia.
- Etapa de las pinturas negras (hacia 1819-1823, pintadas directamente sobre los muros de la Quinta del Sordo, hoy trasladadas a lienzo y conservadas en el Museo del Prado): un Goya sombrío, expresionista antes de que existiera el término, con obras como Saturno devorando a un hijo. Aquí el color se oscurece, la composición se hace angustiosa y la figura se deforma para transmitir un estado interior, no para embellecer.
Frente a Goya, la pregunta del examen casi nunca es “¿de qué estilo es?” sino “¿de qué etapa es y qué la caracteriza?”. Sitúa siempre la obra en su momento vital, no en una etiqueta única.
Tabla comparativa: Renacimiento frente a Barroco
| Rasgo | Renacimiento | Barroco |
|---|---|---|
| Composición | Estable, simétrica, esquemas cerrados (triángulo) | En diagonal, esquemas abiertos, tensión |
| Luz | Uniforme, clara, sin focos | Dirigida, de foco; claroscuro y tenebrismo |
| Movimiento | Contenido, figuras en reposo | Explícito, torsión, dramatismo |
| Perspectiva | Lineal, punto de fuga único, racional y medible | Lineal también, pero al servicio del efecto (escorzos, puntos de vista forzados) |
| Tema | Ideal clásico, armonía, mitología y religión serena | Éxtasis, martirio, poder, naturalismo cotidiano |
| Color | Claro, equilibrado | Contrastado, a veces cálido y denso |
Para llevarte
- El Renacimiento se reconoce por el equilibrio: composición simétrica, luz uniforme, perspectiva geométrica medible, figuras en reposo.
- El Barroco se reconoce por el movimiento: diagonal, luz de foco (claroscuro o tenebrismo si es extremo), figuras en torsión, tema dramatizado.
- El manierismo (El Greco) es una transición real: figura alargada, color irreal, composición vertical inestable, sin llegar al dramatismo lumínico del Barroco pleno.
- Con Velázquez, no te quedes en “es genial”: nombra la perspectiva aérea, el punto de fuga en la puerta del fondo, el espejo y el juego de miradas de Las Meninas.
- Goya no es un estilo, son varias etapas: cartones rococó, retratista de corte, cronista de la guerra, pinturas negras. Sitúa la obra en su etapa, no en una etiqueta fija.
- Un rasgo aislado no cierra el estilo: cruza composición, luz y movimiento antes de nombrarlo.
Errores que restan
- Confundir manierismo con Barroco. El Greco no es barroco: es manierista, con figura alargada y color irreal, pero sin la implicación dramática del espectador ni el claroscuro pleno del siglo XVII. Nombrar el manierismo como transición suma; forzarlo dentro de otro estilo resta.
- Dar por barroca toda obra oscura. No toda pintura con sombras es tenebrista ni barroca: hace falta el conjunto (diagonal, foco de luz dirigido, tema dramatizado), no solo un fondo oscuro.
- Encasillar a Goya en un solo estilo. Decir “Goya es romántico” sin más, o “Goya es de corte”, ignora que su obra recorre el rococó, el retrato oficial, la denuncia de guerra y las pinturas negras. La pregunta de examen casi siempre pide situar la etapa, no un estilo único para toda su carrera.
- Quedarse en “Las Meninas es una obra maestra” sin argumento formal. El examen puntúa que expliques la perspectiva aérea, el punto de fuga, el espejo o el juego de miradas, no la admiración genérica.
- Fechar por intuición. Un rango de siglos justificado por los rasgos (composición, luz, movimiento) vale más que una fecha exacta sin apoyo.
Autochequeo
1. Un cuadro con composición piramidal, luz uniforme sin sombras marcadas y figuras en reposo sereno. ¿Estilo? a) Barroco b) Renacimiento c) Manierismo d) Tenebrismo
La respuesta correcta es la b. La composición estable en pirámide y la luz uniforme, sin foco ni contraste dramático, son la combinación diagnóstica del Renacimiento.
2. Una escena con figuras en diagonal, un solo foco de luz que recorta los cuerpos desde la oscuridad y gestos exagerados. ¿Estilo y recurso lumínico? a) Renacimiento, perspectiva aérea b) Barroco, tenebrismo o claroscuro según la intensidad del contraste c) Manierismo, color irreal d) Gótico, vidriera
La respuesta correcta es la b. La diagonal, el foco dirigido y el dramatismo son barrocos; si el contraste es extremo y la sombra domina casi toda la escena, se habla de tenebrismo.
3. Un cuadro con figuras muy alargadas, color frío e irreal, y composición vertical ascendente hacia una zona celestial. ¿De qué pintor y de qué corriente hablamos? a) Velázquez, Barroco pleno b) El Greco, manierismo c) Goya, pinturas negras d) Ribera, tenebrismo
La respuesta correcta es la b. El alargamiento de la figura, el color irreal y la composición vertical ascendente son la firma de El Greco, dentro del manierismo, no del Barroco pleno.
4. En Las Meninas, ¿qué recurso permite que la escena se lea como una reflexión sobre quién mira y quién es mirado? a) El tenebrismo del fondo b) El espejo que refleja a los reyes, situados donde estaría el espectador c) La composición en diagonal d) El uso exclusivo de colores fríos
La respuesta correcta es la b. El espejo del fondo, que refleja a Felipe IV y Mariana de Austria en el lugar del espectador, es el recurso que convierte la obra en una reflexión sobre la mirada.
5. Un cuadro de Goya muestra a un hombre en camisa blanca, brazos en cruz, iluminado por un foco brutal frente a un pelotón anónimo. ¿A qué etapa y obra corresponde? a) A los cartones para tapices, escena amable b) A la etapa de la Guerra de la Independencia: El 3 de mayo de 1808 en Madrid c) A las pinturas negras d) Al retrato de corte
La respuesta correcta es la b. La composición dramática, el foco de luz sobre el fusilado y la denuncia de la guerra son propios de El 3 de mayo de 1808 en Madrid, de 1814.
6. Te dan un cuadro sin cartela. Muestra composición en diagonal, contraste lumínico fuerte y una escena de martirio religioso. ¿Qué respuesta puntúa más? a) “Es una obra románica del siglo XII” b) “Por la diagonal, el claroscuro y el dramatismo del tema, es barroca, del siglo XVII” c) Dejarla en blanco por no reconocer al autor d) Copiar la ficha del Renacimiento por si acaso encaja
La respuesta correcta es la b. Justificar el estilo con los rasgos observables (composición, luz, tema) y situarlo por siglo vale más que arriesgar un autor o un estilo sin argumento.
Preguntas frecuentes
¿Cómo distingo rápido el Renacimiento del Barroco en una lámina? Mira la composición y la luz. Si es simétrica, cerrada y con luz uniforme, es Renacimiento. Si es en diagonal, abierta y con un foco de luz dirigido (claroscuro o tenebrismo), es Barroco. El movimiento de las figuras confirma la hipótesis: reposo apunta a Renacimiento, torsión apunta a Barroco.
¿El Greco es Renacimiento o Barroco? Ninguno de los dos con propiedad: es manierista, una fase de transición entre ambos. Comparte con el Renacimiento la formación clásica y con el Barroco cierto dramatismo espiritual, pero su figura alargada, su color irreal y su composición vertical inestable son rasgos propios del manierismo, no del Barroco pleno.
¿Qué tengo que explicar de Las Meninas para que puntúe? No basta con identificarla. Explica la perspectiva aérea del fondo, el punto de fuga situado en la puerta abierta, el espejo que refleja a los reyes y el juego de miradas entre las figuras y el espectador. Esos cuatro elementos son los que demuestran que sabes leer la obra, no solo reconocerla.
¿Se puede decir que Goya es un pintor romántico? Solo de forma parcial y para una parte de su obra. Goya atraviesa el rococó de los cartones para tapices, el retrato de corte, la denuncia dramática de la guerra y el expresionismo sombrío de las pinturas negras. Sitúa siempre la obra concreta en su etapa, no reduzcas toda su carrera a un solo estilo.
¿El claroscuro y el tenebrismo son lo mismo? Están relacionados pero no son idénticos. El claroscuro es el contraste marcado entre luz y sombra que aparece en gran parte de la pintura barroca. El tenebrismo es un grado extremo de claroscuro, con la sombra dominando casi toda la escena y un haz de luz muy concentrado recortando las figuras; es el recurso asociado a Caravaggio y, en España, a Ribera y al primer Zurbarán.
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