Historia de España · Galicia
De Isabel II al Sexenio Democrático: qué se disputaba
Carlismo, moderados y progresistas, desamortizaciones y el Sexenio Democrático: qué distinguía a cada bando y qué te pregunta la PAU sobre 1833-1874.
Te sabes los nombres —Isabel II, Espartero, Narváez, Prim, Amadeo de Saboya— pero si te piden situarlos no sabes cuál iba con cuál ni por qué se peleaban. Es el bloque con más nombres y pronunciamientos por página de temario, y el más fácil de memorizar como sucesión de hechos sueltos sin entender qué se estaba jugando de verdad. Este artículo cierra el hueco entre la crisis del Antiguo Régimen, que termina con la muerte de Fernando VII en 1833, y la Restauración, que arranca en 1874: los cuarenta años intermedios en los que España decide, a tiros y a golpe de Constitución, qué clase de Estado va a tener.
La clave para no perderte no es memorizar más nombres: es fijar un eje. Cada guerra, cada gobierno y cada Constitución de este periodo retratan quién manda en ese momento —carlistas o liberales, moderados o progresistas— y qué modelo de Estado defiende. Vamos con el método de siempre.
Qué te va a pedir el examen
- Explica el carlismo como el choque entre dos modelos de Estado —fueros, tradición y trono absoluto frente a Constitución, centralización y soberanía liberal—, no como una pelea de familia por la corona.
- Compara dos fases o dos bandos de un mismo proceso: moderados y progresistas, o las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Es el formato de pregunta que más se repite en las pruebas autonómicas.
- Sitúa cada Constitución de Isabel II —Estatuto Real de 1834, Constitución de 1837, Constitución de 1845— como la fotografía de qué facción gobierna en ese momento, y explica qué cambia de una a otra en soberanía y sufragio.
- Comenta un documento de la época —un artículo constitucional, un decreto de desamortización, un manifiesto— relacionándolo con la corriente política que lo produce.
- Explica por qué fracasa el Sexenio Democrático (1868-1874) y cómo desemboca en la Restauración.
1833-1840: una guerra por dos modelos de Estado, no por una corona
Fernando VII muere el 29 de septiembre de 1833. Dos años antes había firmado la Pragmática Sanción de 1830, que deroga la ley sálica y permite reinar a su hija Isabel, entonces una niña de tres años; su madre, María Cristina de Borbón, asume la regencia. El hermano del rey, Carlos María Isidro, rechaza esa sucesión y se subleva reclamando el trono para sí: arranca la Primera Guerra Carlista (1833-1840).
Contarlo como una pelea de familia por quién hereda es quedarse en el pretexto y perder el fondo. Lo que enfrenta la guerra son dos proyectos de país. El carlismo defiende la monarquía absoluta, el peso de la Iglesia en la vida pública y los fueros —el régimen fiscal y jurídico propio de territorios como las provincias vascas y Navarra— frente a un Estado centralizado. El bando isabelino, para sostener a una reina niña sin legitimidad absolutista clara, necesita apoyarse en los liberales y construir precisamente eso: un Estado constitucional y centralizado. No es casualidad que la guerra se libre sobre todo en el País Vasco, Navarra y el Maestrazgo, los territorios donde el modelo foral tenía más que perder con la centralización liberal. La guerra termina con el Convenio de Vergara (1839) entre los generales Espartero y Maroto: los carlistas deponen las armas a cambio de que se examine el mantenimiento de sus fueros, una promesa que después se recorta por ley.
Moderados y progresistas: la misma familia liberal, dos proyectos distintos
Ganada la guerra frente al carlismo, la disputa se traslada dentro del propio bando liberal, entre dos partidos que comparten el rechazo al absolutismo pero no se ponen de acuerdo en cuánto poder debe conservar la Corona ni quién tiene derecho a votar. Los moderados defienden la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, con amplias prerrogativas para la reina —nombrar y cesar gobiernos, vetar leyes—, un sufragio censitario muy restringido a los mayores contribuyentes y una alianza estrecha con la Iglesia católica. Los progresistas defienden la soberanía nacional, un sufragio censitario algo más amplio aunque también minoritario, libertades civiles más amplias y la Milicia Nacional, un cuerpo armado de ciudadanos que actúa como garantía frente a un giro absolutista.
No es el eje izquierda-derecha de hoy: los dos son partidos de notables, propietarios y clases medias urbanas: ninguno plantea el sufragio universal ni una reforma agraria. La diferencia real está en cuánto poder se lleva la Corona frente a las Cortes, y ese desacuerdo es el que se traduce, texto a texto, en las constituciones del reinado.
Las constituciones de Isabel II: la fotografía de quién manda
El primer texto, el Estatuto Real de 1834, no es propiamente una constitución: es una carta otorgada por la regente María Cristina, con unas Cortes de función casi consultiva y un sufragio mínimo. Los progresistas lo rechazan por no reconocer la soberanía nacional, y en 1836 un motín de sargentos en el Palacio de La Granja fuerza a la regente a restaurar temporalmente la Constitución de 1812. De esas Cortes progresistas sale, en 1837, un texto de compromiso: la Constitución de 1837 reconoce la soberanía nacional pero atempera el diseño de 1812 con unas Cortes bicamerales, Congreso electo y Senado.
Cuando los moderados llegan al poder con Narváez en la Década Moderada (1844-1854), reescriben el texto: la Constitución de 1845 refuerza a la Corona, restringe aún más el sufragio, vuelve a la soberanía compartida Corona-Cortes y declara el catolicismo religión oficial en exclusiva, un giro que se remata con el Concordato de 1851 con la Santa Sede. En 1854, un pronunciamiento militar —el de Vicálvaro, con el Manifiesto de Manzanares— devuelve el poder a los progresistas en el Bienio Progresista (1854-1856): redactan una nueva constitución, más avanzada, que nunca llega a promulgarse —se la conoce como la Constitución «non nata» de 1856— porque un golpe del propio general O’Donnell cierra el bienio y devuelve el poder a los moderados. El patrón para el examen es este: no memorices los textos sueltos, identifica qué facción gobierna cuando se redactan y por qué el siguiente texto deshace lo que hizo el anterior.
Mendizábal y Madoz: dos desamortizaciones, no una
Aquí está la confusión más rentable de arreglar: en este bloque hay dos desamortizaciones, con bienes, objetivos y consecuencias distintos. En 1836, durante la regencia, el ministro progresista Juan Álvarez Mendizábal decreta la desamortización de los bienes del clero regular —los monasterios y órdenes religiosas—, subastados para financiar la guerra contra el carlismo y sanear la Hacienda del Estado liberal. En 1855, ya en el Bienio Progresista, el ministro Pascual Madoz extiende la desamortización a los bienes de propios y comunales de los ayuntamientos, y al patrimonio que aún conservaba el clero secular, para financiar la deuda pública y el auge del ferrocarril que arranca ese mismo año con la Ley General de Ferrocarriles.
La diferencia importa por quién sale beneficiado y quién perjudicado. En ambos casos, los lotes se subastan en bloques grandes que solo puede pujar quien tiene capital —la nobleza y la burguesía urbana—, no el campesinado que trabajaba esas tierras: ninguna de las dos crea una clase amplia de pequeños propietarios. Pero Madoz añade un daño específico: los bienes comunales que se venden no eran tierra ociosa, eran el pasto, la leña y el terreno de uso colectivo del que dependían los jornaleros sin tierra para sobrevivir en los años malos. Privatizarlos agrava la desigualdad rural, sobre todo en Andalucía y Extremadura, y alimenta un conflicto agrario que se prolonga hasta bien entrado el siglo XX. Mendizábal debilita el poder económico de la Iglesia y financia una guerra; Madoz rompe un colchón de subsistencia campesina y financia infraestructura. No es la misma ley con otro nombre.
1868-1874: La Gloriosa, la Constitución de 1869 y la Primera República
En septiembre de 1868, los generales Prim y Serrano y el almirante Topete encabezan el pronunciamiento conocido como «La Gloriosa»: Isabel II marcha al exilio y se abre el Sexenio Democrático. La Constitución de 1869 rompe con todo lo anterior: sufragio universal masculino, amplias libertades y, por primera vez en una constitución española, libertad de culto. Mantiene la forma de monarquía, pero pendiente de encontrar un rey que encaje con el nuevo sistema.
La búsqueda termina en Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia, coronado en 1870; días antes de que llegue a España asesinan a Prim, su principal valedor, y su reinado se enfrenta desde el inicio a los carlistas —que se alzan de nuevo en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876)—, a los republicanos y a los partidarios de un regreso borbónico. Amadeo abdica en febrero de 1873. Las Cortes proclaman entonces la Primera República, que en menos de once meses tiene cuatro presidentes —Figueras, Pi i Margall, Salmerón, Castelar— y ve cómo su proyecto federal se desborda en el cantonalismo, la sublevación armada de ciudades que se declaran cantones independientes, como Cartagena. Todo esto mientras siguen abiertas la guerra carlista y la guerra de Cuba, iniciada en 1868. El golpe del general Pavía en enero de 1874 disuelve las Cortes; sigue una dictadura del general Serrano, y en diciembre de ese año el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto proclama rey a Alfonso XII. Ahí arranca la Restauración, el sistema que ya conoces por el turnismo explicado.
Para llevarte
- El carlismo no es una guerra de familia: es el choque entre el modelo absolutista-foral y el Estado liberal centralizado, y por eso se libra en los territorios con fueros fuertes, no en toda España.
- Moderados y progresistas son las dos caras del mismo liberalismo, no la izquierda y la derecha de hoy: discuten cuánta soberanía tiene la Corona frente a las Cortes y quién vota.
- Cada Constitución de Isabel II —1834, 1837, 1845— retrata a quién gobierna en ese momento: cuanto más moderado el gobierno, más poder para la Corona y menos para las Cortes y el sufragio.
- Mendizábal (1836) desamortiza bienes del clero regular para financiar la guerra carlista; Madoz (1855) desamortiza también bienes comunales para financiar el ferrocarril y la deuda. No son la misma ley ni tienen las mismas víctimas.
- Las dos desamortizaciones benefician a quien tiene capital para pujar en subasta, no al campesinado; Madoz además rompe el uso comunal que sostenía a los jornaleros sin tierra.
- El Sexenio Democrático (1868-1874) ensaya sufragio universal, monarquía electiva y república federal, y fracasa por la suma de tres guerras a la vez y la fragmentación cantonalista; la Restauración nace como respuesta a esa inestabilidad.
Repasa jugando
Para fijar contra reloj un par de nombres de este bloque, prueba Trivial: entre sus quesitos de Historia salen preguntas reales sobre quién impulsó la desamortización de 1836 y sobre qué periodo abre «La Gloriosa» en 1868. Hay que decirlo con honestidad, como manda la casa: no es una batería monográfica de este tema, sino la de toda la asignatura de Historia de España, así que te saldrán mezcladas preguntas de otras etapas. El carlismo, la distinción moderados-progresistas y la comparación Mendizábal-Madoz —lo más específico de este bloque— no están todavía en la batería del juego, así que para eso sigue apoyándote en el autochequeo de abajo.
Errores que restan
- Contar el carlismo como una guerra por quién se casa con quién o quién hereda, sin mencionar los fueros ni el choque entre el modelo absolutista y el liberal centralizado.
- Usar «moderados» y «progresistas» como sinónimos de «derecha» e «izquierda» actuales, en vez de explicar qué defendía cada uno en soberanía y sufragio.
- Fundir las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz en una sola, o invertir qué bienes afecta cada una: clero regular en 1836, bienes comunales y clero secular en 1855.
- Dar la Constitución de 1837 y la de 1845 por intercambiables, sin decir qué facción gobierna cuando se aprueba cada una ni qué cambia entre ellas.
- Tratar el Sexenio Democrático como un simple vacío entre Isabel II y la Restauración, sin nombrar la Constitución de 1869, a Amadeo I ni la Primera República.
Autochequeo
1. ¿Qué enfrenta de verdad la Primera Guerra Carlista (1833-1840)?
- a) Dos ramas de la familia real disputándose el trono sin diferencias políticas de fondo.
- b) El modelo absolutista y foral que defiende don Carlos frente al Estado liberal centralizado que necesita construir el bando isabelino.
- c) Una guerra exclusivamente religiosa entre católicos y liberales anticlericales.
- d) Un conflicto colonial entre España y sus provincias americanas.
Respuesta correcta: b. Por qué: tratar el carlismo como un pleito de familia es el error más repetido del bloque; lo que se disputa es el modelo de Estado, y por eso la guerra se concentra en los territorios forales.
2. ¿Qué distingue de verdad a un moderado de un progresista en el reinado de Isabel II?
- a) Los progresistas son republicanos y los moderados monárquicos.
- b) Los moderados defienden la soberanía compartida entre Corona y Cortes y un sufragio muy restringido; los progresistas, la soberanía nacional, un sufragio algo más amplio y la Milicia Nacional.
- c) No hay diferencia real, son el mismo partido con dos nombres distintos.
- d) Los progresistas quieren restaurar el absolutismo y los moderados no.
Respuesta correcta: b. Por qué: usar las dos etiquetas sin poder decir qué defiende cada una dejaría el eje central de este bloque sin argumentar.
3. La desamortización de Mendizábal (1836) afecta principalmente a…
- a) Los bienes comunales y de propios de los ayuntamientos.
- b) Los bienes del clero regular —monasterios y órdenes religiosas—, para financiar la guerra carlista.
- c) Las tierras de la nobleza titulada.
- d) El patrimonio personal de la Corona.
Respuesta correcta: b. Por qué: confundir esta ley con la de Madoz, que sí afecta a los bienes comunales, es el error de desamortizaciones más habitual.
4. La desamortización de Madoz (1855) es distinta de la de Mendizábal porque…
- a) Es exactamente la misma ley con otro nombre veinte años después.
- b) Afecta también a los bienes comunales y de propios, y su venta rompe el uso colectivo del que dependían los jornaleros sin tierra.
- c) Devuelve a la Iglesia las tierras que Mendizábal le había quitado.
- d) Solo afecta a los territorios de ultramar.
Respuesta correcta: b. Por qué: no distinguir qué bienes toca cada ley impide explicar por qué Madoz agrava la desigualdad rural y Mendizábal no, en el mismo grado.
5. ¿Cómo termina el Sexenio Democrático (1868-1874)?
- a) Con la muerte de Isabel II en el exilio.
- b) Con la abdicación de Amadeo I, la Primera República fragmentada por el cantonalismo y el golpe de Pavía, hasta el pronunciamiento de Sagunto que abre la Restauración.
- c) Con la firma de la Constitución de 1845.
- d) Con el Convenio de Vergara.
Respuesta correcta: b. Por qué: tratar el Sexenio como un bloque sin desenlace propio impide relacionarlo con la Restauración que viene justo después.
Preguntas frecuentes
¿El carlismo fue solo una disputa por la corona entre Isabel II y su tío?
En el origen hay un problema dinástico real —la Pragmática Sanción de 1830 y el rechazo de Carlos María Isidro a que reine su sobrina—, pero reducirlo a eso es perder el fondo del examen. Lo que se juega es un modelo de Estado: absolutismo, fueros y peso de la Iglesia frente a Constitución, centralización y liberalismo. Por eso la guerra se concentra en los territorios forales y no es un conflicto disperso por toda España. Puedes ver este bloque dentro de la cronología completa del siglo XIX en ejes cronológicos para estudiar Historia de España.
¿Qué diferencia exactamente a moderados y progresistas si los dos son liberales?
Los dos rechazan el absolutismo, pero no se reparten igual el poder entre la Corona y las Cortes. Los moderados defienden la soberanía compartida y un sufragio muy restringido, con amplias prerrogativas para la reina; los progresistas defienden la soberanía nacional, un sufragio algo más amplio y la Milicia Nacional como garantía frente a un giro absolutista. Esa diferencia es la que separa a la Constitución de 1837, más progresista, de la de 1845, moderada. Es exactamente el tipo de comparación entre dos fases o bandos que más se repite en el examen: tienes el detalle de qué formatos caen más en temas que más caen en Historia de España en selectividad.
¿Mendizábal y Madoz hicieron la misma desamortización?
No, y es la confusión que más puntos cuesta en este bloque. Mendizábal (1836) desamortiza los bienes del clero regular para financiar la guerra carlista y sanear la Hacienda. Madoz (1855) va más allá: además del clero secular, desamortiza los bienes comunales y de propios de los ayuntamientos, el terreno de uso colectivo del que dependían los jornaleros sin tierra, para financiar el ferrocarril y la deuda pública. En ambas, quien compra en la subasta es quien tiene capital —nobleza y burguesía—, nunca el campesinado. Para practicar cómo comentar un documento de este tipo —un decreto, un artículo constitucional— tienes el método completo en comentario de texto de Historia de España en selectividad, y el formato oficial de la prueba en cómo es el examen de Historia de España en la PAU 2027.
¿Por qué fracasa el Sexenio Democrático y qué llega después?
Porque intenta sostener sufragio universal, una monarquía electiva y después una república federal mientras libra a la vez la Tercera Guerra Carlista y la guerra de Cuba, y su propio proyecto federal se rompe en cantonalismo. El golpe del general Pavía en enero de 1874 y el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto ese diciembre abren la Restauración, el sistema del turno pacífico que tienes explicado en Restauración y Desastre del 98: el turnismo explicado. Si preparas Historia de España para la PAU y quieres el material específico de tu comunidad, en Galicia la desamortización y las comparaciones entre fases o bandos —el formato de la pregunta 2 del examen— aparecen de forma recurrente: tienes el detalle en la página de Historia de España para Galicia. Puedes repasar el resto del temario con la metodología completa en la muestra gratuita de Historia de España.
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