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Historia de la Filosofía

Hume y el empirismo: impresiones, ideas y causalidad

Impresiones e ideas, la crítica de Hume a la causalidad y la sustancia, el problema de la inducción y la ley de Hume: qué te pide el examen y cómo no confundirlo.

12 min de lectura
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Te sabes la frase de memoria: «todo conocimiento viene de la experiencia». El problema es que en el examen no te piden la frase, te piden lo que se sigue de ella. Si todo viene de la experiencia, la causalidad deja de ser algo que la razón demuestra y pasa a ser un hábito, la inducción se queda sin fundamento lógico y hasta el yo pierde su estatuto de sustancia. Aquí reconstruimos esa cadena completa, desde las impresiones hasta la ley de Hume, con el método de la casa.

Qué te va a pedir el examen

  • Identificar el problema del fragmento: casi siempre, de dónde viene una idea concreta (causa, sustancia, yo) y si esa idea tiene detrás una impresión que la justifique.
  • Explicar los términos técnicos citados o implícitos: impresión, idea, costumbre o hábito, conexión necesaria, relaciones de ideas y cuestiones de hecho.
  • Aplicar la crítica de la causalidad a un caso concreto, casi siempre el ejemplo de Hume de una bola de billar que golpea a otra.
  • Relacionar o comparar con Descartes, por contraste (racionalismo frente a empirismo), o con Kant, por consecuencia (Hume lo saca de lo que él mismo llamó su «sueño dogmático»).
  • En algunas comunidades, explicar la ley de Hume si el fragmento toca la fundamentación de la moral.

La explicación mínima suficiente

Impresiones e ideas

Hume divide todo el contenido de la mente en dos tipos de percepciones. Las impresiones son las percepciones vivas y fuertes con las que sentimos, vemos u oímos: una sensación, un color, un dolor, una pasión, tal como se presentan en el momento. Las ideas son copias débiles de esas impresiones, las mismas percepciones pero atenuadas, que aparecen cuando pensamos o recordamos. Toda idea legítima, por compleja que parezca, tiene que poder rastrearse hasta una o varias impresiones de las que deriva: es el principio de copia. Si un término no remite a ninguna impresión, es una palabra sin contenido real. Este criterio no es un capricho: es la herramienta que Hume usa después contra la causalidad y la sustancia.

La causalidad: costumbre, no necesidad

Hume separa dos tipos de conocimiento: las relaciones de ideas (verdades como las matemáticas, necesarias y demostrables solo con pensar, sin mirar el mundo) y las cuestiones de hecho (lo que sabemos del mundo, que depende siempre del razonamiento causal). Y aquí llega el golpe: cuando observamos que una bola de billar golpea a otra y esta se mueve, lo único que percibimos es contigüidad (están juntas), prioridad temporal (el golpe va antes que el movimiento) y conjunción constante (siempre que pasa lo primero, pasa lo segundo). Lo que nunca percibimos es la conexión necesaria entre una cosa y otra, esa fuerza que obligaría al efecto a seguir a la causa. Creemos que hay necesidad porque hemos visto la secuencia repetirse muchas veces, y esa repetición genera en la mente un hábito, una costumbre, que nos hace esperar el efecto en cuanto vemos la causa. La causalidad, para Hume, no es un vínculo que la razón descubra en las cosas: es una asociación psicológica que la mente proyecta después de la repetición.

El problema de la inducción

Si la causalidad se apoya en que el pasado se repite, queda una pregunta más incómoda todavía: ¿por qué suponemos que el futuro se parecerá al pasado? No se puede demostrar por pura razón, porque no hay contradicción lógica en pensar que mañana el sol no salga. Y tampoco se puede justificar apelando a que «siempre ha funcionado así hasta ahora», porque ese argumento usa la propia inducción para justificar la inducción: es circular. Esta es la conclusión incómoda de Hume, el problema de la inducción: no tenemos una justificación racional de que la naturaleza vaya a seguir siendo uniforme. Seguimos razonando por inducción porque es un instinto natural útil para vivir, no porque la razón lo haya fundamentado.

La sustancia y el yo: un haz de percepciones

Hume aplica el mismo criterio de las impresiones a la idea de sustancia. Si te examinas por dentro (introspección), solo encuentras percepciones concretas que van pasando, un calor, un color, un recuerdo, una emoción, pero nunca encuentras una impresión de un «yo» fijo detrás de todas ellas. Por eso concluye que el yo no es una sustancia permanente, sino un haz o colección de percepciones en cambio continuo, unidas por la memoria y la imaginación, como los eslabones de una cadena sin nada sólido que los atraviese. Lo mismo pasa con la sustancia material: no percibimos ninguna sustancia debajo de las cualidades de un objeto, solo conjuntos de cualidades (color, forma, textura) que la costumbre nos enseña a esperar juntas.

La ley de Hume: del ser no se sigue el deber ser

En el libro III del Tratado de la naturaleza humana, Hume hace una observación que se ha vuelto célebre: muchos autores de moral, sin darse cuenta, pasan de frases que describen cómo son las cosas (proposiciones de «es») a frases que ordenan cómo deben ser (proposiciones de «debe»), sin explicar ese salto. Su tesis, conocida como ley de Hume, dice que de premisas puramente descriptivas no se sigue lógicamente ninguna conclusión normativa: hace falta al menos una premisa normativa de partida para llegar a una conclusión normativa. Aquí conviene simplificar con cuidado: esto no equivale a decir que Hume crea que la moral es arbitraria o que no exista ningún fundamento para ella. Hume sí funda la moral, pero en el sentimiento (la simpatía hacia los demás), no en la razón. Lo que señala es un error de inferencia lógica, no un rechazo de los valores. Y conviene no confundir su observación con la «falacia naturalista», un término que acuñó más tarde G. E. Moore con un sentido algo distinto: es habitual verlos tratados como sinónimos exactos, y no lo son del todo.

Para llevarte

  • Toda idea legítima remite a una impresión previa; sin impresión, la palabra está vacía.
  • Nunca percibimos la necesidad causal, solo contigüidad, sucesión y repetición.
  • La creencia en la causalidad es costumbre, útil e inevitable para vivir, pero no un conocimiento racional demostrado.
  • La inducción no tiene una justificación lógica que la fundamente: es un instinto, no una demostración.
  • El yo no es una sustancia fija, es un haz de percepciones en cambio continuo.
  • Del «es» no se sigue el «debe»: hace falta una premisa normativa para llegar a una conclusión normativa.

Errores que restan

  • Decir que Hume «niega la causalidad», cuando lo que niega es que sea conocible a priori o demostrable por la razón. Hume sigue creyendo y actuando causalmente en su vida diaria; su crítica es epistemológica, no práctica.
  • Confundir impresión con idea, o usarlas como sinónimos: la impresión es la percepción viva original, la idea es su copia débil al pensar o recordar.
  • Tratar el escepticismo de Hume como nihilismo, como si dijera que nada existe o que la ciencia es inútil. Es un escepticismo mitigado: duda del fundamento racional de nuestras creencias, no de que tengamos que seguir viviendo con ellas.
  • Presentar la ley de Hume como si dijera que «no hay moral objetiva» o que «todo vale». Es una tesis sobre inferencia lógica (de premisas descriptivas no se sigue una conclusión normativa), no una tesis sobre si existen o no valores.
  • Confundir el problema de la inducción con que «la inducción no funciona». Hume no dice que dejemos de razonar por inducción, dice que ese razonamiento no tiene una justificación racional que lo demuestre.

Autochequeo

1. Cuando Hume dice que la causalidad es «costumbre», ¿qué está afirmando exactamente? a) Que la causalidad no existe y que el mundo es puro azar. b) Que nunca percibimos una conexión necesaria entre causa y efecto, solo su repetición constante, y que la mente convierte esa repetición en un hábito. c) Que la causalidad es una idea innata que traemos al nacer. d) Que solo la ciencia puede demostrar racionalmente qué causa qué.

Respuesta correcta: b. Decir que Hume «niega la causalidad» sin más es el error más habitual: lo que niega es su fundamento racional, no su utilidad práctica.

2. ¿Cuál es la diferencia entre una impresión y una idea en el vocabulario de Hume? a) No hay diferencia, son sinónimos. b) La impresión es innata; la idea, adquirida por la experiencia. c) La impresión es la percepción viva original (sentir, ver); la idea es su copia débil al pensar o recordar. d) La idea es más fuerte y vívida que la impresión.

Respuesta correcta: c. Confundir ambos términos, o invertir cuál es la copia de cuál, es el segundo error más frecuente en el comentario.

3. ¿Qué problema plantea Hume con la inducción? a) Que inducir es un método que ya no se usa en ciencia. b) Que no hay forma de justificar racionalmente que el futuro vaya a parecerse al pasado, ni por pura razón ni sin caer en un argumento circular. c) Que la inducción solo sirve en matemáticas. d) Que la inducción prueba con certeza absoluta las leyes de la naturaleza.

Respuesta correcta: b. Tratar esto como si Hume dijera que «la inducción no funciona» es el error de convertir un problema de fundamentación en un rechazo práctico que Hume nunca hace.

4. Según Hume, ¿qué encontramos cuando examinamos introspectivamente nuestro «yo»? a) Una sustancia pensante fija y permanente, como en Descartes. b) Nada en absoluto: ni percepciones ni sustancia. c) Solo percepciones particulares que se suceden, sin ninguna impresión de un yo permanente detrás de ellas. d) Una idea innata de identidad personal.

Respuesta correcta: c. Por eso Hume habla del yo como un «haz de percepciones», no como una sustancia, la misma crítica que aplica a la sustancia material.

5. La ley de Hume (que del «es» no se sigue el «debe») significa que… a) No existen valores morales objetivos. b) Hume rechaza cualquier fundamento para la moral. c) De premisas puramente descriptivas no se sigue lógicamente una conclusión normativa; hace falta al menos una premisa normativa de partida. d) Todo juicio moral es, en realidad, un juicio científico disfrazado.

Respuesta correcta: c. Confundir esta tesis lógica con un relativismo moral («todo vale») es el error que más rebaja una respuesta que, por lo demás, va bien encaminada.

Repaso jugable

Antes de cerrar el tema, prueba el Reinado de la batería de Filosofía: desliza verdadero o falso sobre afirmaciones reales de examen, entre ellas varias sobre el empirismo y la causalidad, justo lo que hay que tener afilado para no escribir en el examen que Hume «niega» la causalidad en vez de que niega que sea conocible a priori. Juega en Reinado.

Preguntas frecuentes

¿Hume dice que la causalidad no existe?

No. Hume no niega que unas cosas produzcan otras en la práctica, ni deja de razonar causalmente en su vida diaria. Lo que niega es que exista una conexión necesaria entre causa y efecto que la razón pueda percibir o demostrar: lo único que tenemos es la repetición constante y el hábito mental que genera. Es una crítica al fundamento racional de la causalidad, no una negación de que el mundo funcione con regularidades.

¿Qué diferencia hay entre impresión e idea?

La impresión es la percepción viva y original, la que tienes al sentir, ver o experimentar algo en el momento. La idea es la copia débil de esa impresión, la que aparece cuando piensas o recuerdas. Toda idea legítima tiene que poder rastrearse hasta una impresión de la que proceda; si no hay ninguna impresión detrás, el término carece de contenido real.

¿Por qué se dice que Hume despertó a Kant del sueño dogmático?

Porque fue la lectura de Hume, y en concreto su crítica a la causalidad, lo que hizo a Kant cuestionar que la razón pudiera conocer el mundo tal como es sin más, algo que había dado por hecho hasta entonces. Kant acepta el reto de Hume, que la experiencia por sí sola no explica por qué creemos en la causalidad de forma universal y necesaria, pero en vez de aceptar el escepticismo, busca una salida distinta: que la mente aporte estructuras propias (como la causalidad) que organizan la experiencia. Por eso Kant es la consecuencia de Hume, no una simple continuación.

¿La ley de Hume significa que no hay valores morales objetivos?

No, y es uno de los puntos donde más se simplifica mal. La ley de Hume es una tesis sobre inferencia lógica: de premisas puramente descriptivas no se sigue una conclusión normativa sin al menos una premisa normativa de partida. No dice si existen o no valores objetivos; de hecho, el propio Hume sí funda la moral, pero en el sentimiento y la simpatía, no en la razón ni en hechos observables.

Sigue por aquí

Si tu examen te pide contrastar a Hume con otro autor, el eje racionalismo frente a empirismo ya está montado en cómo comparar autores en Historia de la Filosofía, y el punto de partida racionalista en el camino de Descartes: duda, cogito, Dios y el mundo. Si tu comparación va hacia delante, el imperativo categórico de Kant explicado fácil trabaja al autor que recoge el reto de Hume desde la ética y la teoría del conocimiento. Para situar a Hume entre el resto de autores que más caen, tienes autores de filosofía que más caen en selectividad, y si tu examen es de comentario de texto, la estructura completa está en comentario de texto de Filosofía en selectividad.

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