tema 03 de 03 · Latín II
Traducción con diccionario
Es la tarea que más pesa en la nota y la que arrastra a las otras dos, porque morfología y sintaxis salen del mismo texto. La buena noticia: se corrige por segmentos, así que cada trozo bien resuelto suma, y la única forma segura de sacar cero en uno es dejarlo en blanco.
Qué te va a pedir el examen
- «Traduce el texto»: prosa histórica de unas cuarenta palabras, con una cabecera en castellano que sitúa la escena y notas que resuelven nombres o formas difíciles.
- Elegir entre dos textos, leyendo los dos enteros antes de decidir, y trabajar solo el elegido.
- Entregar una versión en español correcto y ordenado, que respete tiempos, voces, negaciones y referentes.
- Usar el diccionario latino-español con su apéndice gramatical para confirmar, no para adivinar.
1 Antes del latín: la cabecera, las notas y la elección
Cada texto llega con ayudas que forman parte del examen. La cabecera en castellano te da el tema, los personajes y a menudo el sujeto: si dice que un general decide esconder los bagajes en los bosques, ya sabes quién hace qué antes de leer una palabra latina. Las notas resuelven las trampas: te avisan de que una forma es participio de un deponente, de que un relativo al inicio equivale a un demostrativo, o de que sunt mutati debe leerse mutati sunt. Es medio análisis regalado, y quien salta directo al latín lo desperdicia.
La elección del texto no se hace por el nombre del autor ni por la longitud, sino por lo que reconoces en las dos primeras frases. Frases cortas, coordinadas y verbos en perfecto de indicativo anuncian un texto transparente; ablativos absolutos, pasivas encadenadas y oraciones de infinitivo tras verbos de mando piden más construcción, aunque el vocabulario militar se repita mucho. Lee los dos completos, decide por comprensión, y una vez elegido no vuelvas atrás: las palabras que analices y la frase que desmontes serán las de ese texto.
2 El método: verbo primero, y por estructura
El latín no marca la función por el orden de las palabras, sino por los casos, así que traducir de izquierda a derecha no funciona. Segmenta el texto por puntos, puntos y coma y coordinantes (et, atque, -que, sed): cada segmento tendrá un verbo en forma personal o una construcción de participio. En cada segmento, busca el verbo y saca persona, número, tiempo, modo y voz. De ahí deduces el sujeto que esperas: tercera del singular, un sujeto singular; pasiva, un sujeto paciente y quizá un agente con a / ab. Y recuerda que el sujeto puede ir implícito en la desinencia, sobre todo cuando coincide con el de la frase anterior.
Después, encaja los casos: nominativo, quién hace o de quién se dice algo; acusativo sin preposición, complemento directo (con in, ad, per, dirección o lugar); genitivo, «de quién»; dativo, «a quién, para quién»; ablativo, circunstancia. Adventu Caesaris es «la llegada de César», no «César llegó»: el genitivo nunca es el sujeto. Antes de traducir el resto, aísla los ablativos absolutos y las oraciones de infinitivo, que tienen su propio sujeto y no se mezclan con la principal.
El último paso es reordenar al español, que también puntúa: ad hostium castra mane pervenit no es «al de los enemigos campamento por la mañana llegó», sino «llegó por la mañana al campamento de los enemigos». Sujeto, verbo, complementos. Y relee sin mirar el latín: si tu frase dice lo contrario de lo que cuenta la cabecera, o no significa nada, algo has invertido, casi siempre la voz: educuntur gladii es «son desenvainadas las espadas», no «desenvainan las espadas».
3 El diccionario: consulta con hipótesis
El diccionario no traduce por ti, y mal usado te hunde. Primera regla: busca por el enunciado, nunca por la forma del texto. Pervenit no aparece como tal; está en pervenio, -is, -ire, -veni, -ventum, y tienes que reconocer que pervenit viene de ahí. Lo mismo con los nombres: castris se busca en castra. Por eso el diccionario se abre con la palabra ya analizada morfológicamente, no antes.
Segunda: elige la acepción por el contexto, no la primera. Res significa «cosa, asunto, hecho, república, propiedad, situación»; en res praetoribus erat nota es «el asunto era conocido por los pretores», y en quibus rebus cognitis, «conocidas estas cosas». El diccionario te da la lista; tú decides con la cabecera delante, y sin dejar alternativas incompatibles entre paréntesis. Comprueba además el régimen: si un verbo rige ablativo y lo traduces como si rigiera acusativo, la función que después analices no cuadrará con tu propia traducción.
Tercera: no busques lo que ya deberías saber. Las palabras funcionales (et, cum, ut, sed, qui, is, in, ad, ab) y el vocabulario básico de la prosa histórica (castra, copiae, hostes, legio, bellum, urbs) hay que llevarlos de memoria, porque estructuran el texto y cada consulta cuesta minutos. El diccionario se reserva para las tres o cuatro palabras que de verdad no conoces. Y el apéndice gramatical está permitido: úsalo para confirmar un perfecto irregular o un deponente.
4 Cómo se puntúa: por segmentos, nunca en blanco
La traducción se corrige por unidades de sentido: se valora que reconozcas las estructuras, que el español sea correcto, que el léxico sea preciso y que el orden sea natural. Traducir bien la mitad cobra la mitad. Eso cambia la estrategia: un texto completo con dos errores de detalle puntúa más que medio texto perfecto y medio en blanco.
Por eso, cuando un segmento se resiste, no lo saltes. Si reconoces el verbo y el sujeto, la frase básica ya suma aunque falles un complemento; escribe una versión coherente y sigue. Lo que no suma nunca es el hueco. Y cuida la ortografía del español: tildes y nombres propios se penalizan, y es una pérdida absurda después de haber entendido el latín.
Para llevarte
- Lee la cabecera y las notas antes que el latín: te dan el sujeto, el contexto y las trampas ya resueltas.
- Verbo primero: de su persona, número y voz sale el sujeto que esperas. Luego los casos, no el orden de las palabras.
- Aísla el ablativo absoluto y la oración de infinitivo antes de encajar la principal.
- El diccionario se abre con la forma ya analizada: busca por el enunciado y elige la acepción por el contexto.
- Reordena al español (sujeto, verbo, complementos) y relee: si la frase no tiene sentido, casi siempre has invertido la voz.
- Se puntúa por segmentos: una versión coherente siempre suma; el blanco, nunca.
Errores que restan
- Confundir activa y pasiva en formas en -tur, -ntur: «desenvainan las espadas» donde el latín dice que son desenvainadas.
- Traducir el genitivo como sujeto: «César llegó» en vez de «la llegada de César».
- Meter el ablativo absoluto en la oración principal como sujeto o complemento, descuadrando toda la frase.
- Traducir palabra por palabra en el orden latino, o copiar todas las acepciones del diccionario sin elegir.
- Dejar un segmento en blanco, o descuidar tildes y nombres propios en el español.
Autochequeo
Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.
1. ¿Cómo se traduce adventu Caesaris?
Adventu es un ablativo de adventus («llegada») y Caesaris un genitivo: «de César», complemento del nombre. Convertir el genitivo en sujeto («César llegó») es el error documentado más habitual con este sintagma; las otras dos opciones inventan un dativo que no existe.
2. Educuntur gladii. ¿Cuál es la traducción correcta?
La terminación -ntur es pasiva: gladii es el sujeto paciente y la acción la recibe, «son desenvainadas las espadas». Leerla como activa invierte quién hace qué, y ese cruce de voz es el que más sentido destroza en una traducción; el futuro tampoco aparece por ningún lado.
3. Te encuentras pervenit y no recuerdas qué significa. ¿Por dónde lo buscas en el diccionario?
El diccionario recoge los lemas, no las formas flexionadas: hay que reconocer que pervenit es tercera persona de pervenio y buscar por ahí. Buscar «pervenit» tal cual no da nada; quitar el prefijo te lleva a otro verbo (venio) con otro significado; y el supino no es la entrada.
4. Res praetoribus erat nota. ¿Qué acepción de res eliges?
Res es polisémica y el diccionario solo te da la lista; la acepción la decide el contexto. Aquí algo «era conocido por los pretores», así que es un asunto o hecho. Tomar la primera acepción por sistema, o dejarse llevar por una palabra suelta del contexto, son los dos atajos que restan.
5. Hay un segmento del texto que no acabas de entender. ¿Qué haces?
La traducción se puntúa por segmentos, y la única forma segura de sacar cero en uno es dejarlo vacío: un verbo y un sujeto bien identificados ya suman aunque falle un complemento. Las acepciones en cadena no son una traducción, y el calco del orden latino da un español que no significa nada.
La pregunta que decide si lo tienes
Traduce: His Caesar numerum obsidum, quem ante imperaverat, duplicavit eosque in continentem adduci iussit. (Cabecera: César exige a unos emisarios la entrega de rehenes antes de hacerse a la mar.)
Pista 1
Segmenta por el coordinante -que: hay dos verbos principales, duplicavit e iussit, y una relativa intercalada (quem ante imperaverat) cuyo antecedente es numerum. His es un dativo: piensa a quién se refiere según la cabecera.
Pista 2
Iussit es un verbo de mando: espera detrás una oración de infinitivo. Localiza el acusativo (eos) y el infinitivo (adduci, que es pasivo) y decide de quién es sujeto ese acusativo antes de traducir.
Solución
Primer segmento: Caesar es el sujeto de duplicavit («duplicó»); numerum obsidum es el complemento directo, con obsidum en genitivo, «el número de rehenes»; His, dativo, «a estos», es decir, a los emisarios de la cabecera; quem ante imperaverat es una relativa con antecedente numerum, «que antes había exigido». Segundo segmento: iussit rige una oración de infinitivo en la que eos es el sujeto en acusativo y adduci un infinitivo pasivo, «que ellos fueran llevados»; in continentem, «al continente». Reordenado al español: «César les duplicó el número de rehenes que antes había exigido, y ordenó que fueran llevados al continente». Fíjate en las tres decisiones que valen puntos: el genitivo obsidum no es sujeto ni complemento directo; el relativo quem va en acusativo por su función dentro de su oración, aunque su antecedente sea también acusativo; y eos no es complemento directo de iussit, sino sujeto de adduci, cuya voz pasiva hay que respetar. Ninguna de las tres es rara: son el pan de la prosa histórica, y todas salen del mismo método: verbo, sujeto, casos, construcciones aisladas y reorden final.