tema 03 de 03 · Historia de España
El franquismo
Es el tema del siglo XX que más veces cae, y cae de todas las formas: como tema de desarrollo, como texto y como fuente. Son casi cuarenta años, así que no se estudia como un bloque, sino como etapas atravesadas por una idea: el régimen cambió de fachada cuantas veces hizo falta para no cambiar de dueño.
Qué te va a pedir el examen
- «Explica los fundamentos ideológicos y los apoyos sociales del franquismo».
- «Expón la organización política del Estado franquista: las Leyes Fundamentales y sus instituciones».
- «Explica la evolución económica del régimen, de la autarquía al desarrollismo, y las transformaciones sociales que produjo».
- «Analiza las relaciones internacionales del franquismo: del aislamiento al reconocimiento».
- «Comenta la siguiente fuente» (un plan de desarrollo, un testimonio del racionamiento, un discurso oficial, una estadística de emigración) y «explica la oposición y la crisis final del régimen».
1 Qué sostiene al régimen: Franco, las familias y el nacionalcatolicismo
El franquismo es una dictadura personal. Franco concentra la Jefatura del Estado, la del Gobierno, el mando del Ejército y la jefatura del partido único («Caudillo de España por la gracia de Dios»), y la Ley de Jefatura del Estado de 1939 le permite dictar normas sin límite. No hay partidos, ni sindicatos libres, ni elecciones libres, ni división de poderes: en su lugar, una «democracia orgánica» a través de la familia, el municipio y el sindicato. Los principios que lo sostienen: antiliberalismo y anticomunismo, nacionalcatolicismo (la Iglesia legitima el régimen y controla educación y moral), nacionalismo centralista (supresión de los estatutos y persecución de las lenguas cooficiales) y militarismo.
Lo que distingue una respuesta buena es entender que el franquismo no fue una ideología homogénea, sino una coalición de familias unidas por lo que rechazaban: falangistas (partido único, sindicato vertical, retórica fascista en los años cuarenta), militares, católicos, monárquicos y, desde finales de los cincuenta, tecnócratas. Franco se mantuvo cuarenta años arbitrando entre ellas, y ese equilibrio explica su longevidad. Sus apoyos sociales: la oligarquía terrateniente y financiera, buena parte de las clases medias, los pequeños propietarios agrarios del norte y el catolicismo practicante.
La represión fue un instrumento estructural del sistema, no una excepción: la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, con efecto retroactivo, consejos de guerra sumarísimos, cárceles abarrotadas, depuraciones de funcionarios y maestros. Y el exilio: medio millón de españoles, muchos de ellos intelectuales y científicos, lo que empobreció la cultura interior durante décadas.
2 Las Leyes Fundamentales: un armazón que no es una constitución
El régimen nunca tuvo constitución. Fue promulgando Leyes Fundamentales, dictadas desde el poder y aprobadas por etapas, cada una cuando necesitaba una imagen distinta hacia el exterior. Ese oportunismo es un dato interpretativo valioso. Las que hay que saber: el Fuero del Trabajo (1938), inspirado en la Italia fascista, con el sindicato vertical y la prohibición de la huelga; la Ley Constitutiva de las Cortes (1942), con unas Cortes orgánicas de procuradores no elegidos por sufragio y función consultiva; el Fuero de los Españoles (1945), una declaración de derechos limitada y suspendible, aprobada al acabar la guerra mundial para maquillar el régimen; la Ley de Sucesión (1947), que define España como «Reino» con Franco como Jefe del Estado vitalicio y con la facultad de designar sucesor; la Ley de Principios del Movimiento (1958) y la Ley Orgánica del Estado (1967), que separa formalmente la Jefatura del Estado y la del Gobierno.
Con la de 1947 España es un reino sin rey, y la sucesión queda en manos de Franco: por eso en 1969 designa a Juan Carlos de Borbón sucesor «a título de rey». Las instituciones completan el armazón: las Cortes orgánicas, el Movimiento Nacional (heredero de FET y de las JONS) y el sindicato vertical, que integra a patronos y obreros bajo control estatal sin representación independiente. Si en el examen llamas «Constitución» a estas leyes, confundes su naturaleza jurídica: no hay soberanía popular detrás de ninguna de ellas.
3 Autarquía y aislamiento (1939-1959)
En la Segunda Guerra Mundial España pasó de la neutralidad a la «no beligerancia» (1940), cuando el Eje parecía ganar, y de vuelta a la neutralidad en 1943. Franco se entrevistó con Hitler en Hendaya (octubre de 1940) y envió la División Azul a combatir contra la URSS (1941), pero no entró en la guerra. Al acabar esta, las democracias condenaron al régimen: la ONU recomendó en 1946 retirar los embajadores y España quedó excluida del Plan Marshall. Fueron los años de aislamiento (1945-1950), que el régimen convirtió en argumento interno de unidad frente al exterior.
La autarquía fue la política económica de esos años: autosuficiencia e intervencionismo total, por ideología (imitación de Italia y Alemania) y por necesidad. Sus instrumentos: el INI (1941) para industrializar por decreto, la intervención de precios y mercados, y el racionamiento con cartillas desde 1939 hasta 1952. Sus resultados fueron catastróficos: los «años del hambre», el estraperlo (mercado negro inevitable cuando los precios oficiales son inviables), el estancamiento industrial, y una renta por habitante que no recuperó los niveles de 1935 hasta mediados de los años cincuenta. La conclusión que hay que dar: la autarquía fracasó, y su abandono fue una necesidad de supervivencia, no una elección.
Lo que salvó al régimen fue la Guerra Fría: el anticomunismo de Franco lo convirtió en socio útil de Occidente. En 1950 la ONU revocó la retirada de embajadores, y 1953 fue el año clave con dos acuerdos: el Concordato con la Santa Sede, la máxima legitimación internacional, y los Pactos de Madrid con Estados Unidos, bases militares (Torrejón, Rota, Morón, Zaragoza) a cambio de ayuda económica y militar. En 1955 España ingresó en la ONU. El aislamiento había terminado sin que el régimen cambiara nada por dentro.
4 Desarrollismo (desde 1959): cambia la economía, no el poder
En 1957 Franco entregó la economía a los tecnócratas vinculados al Opus Dei (Navarro Rubio en Hacienda, Ullastres en Comercio), que sustituyeron a los falangistas partidarios de la autarquía. El Plan de Estabilización de 1959, con el asesoramiento del FMI y del Banco Mundial, marcó el cambio de modelo: devaluación de la peseta, contención del gasto, liberalización de precios y comercio exterior, apertura a la inversión extranjera e ingreso en los organismos económicos internacionales. Es un cambio puramente económico, no político: el régimen liberaliza la economía para sobrevivir, pero no toca ni las libertades ni las instituciones. Esa disociación es la tesis del tema.
Vino después el mayor crecimiento económico de la historia de España, en torno al 7 por ciento anual, y el paso de un país agrario a otro industrial y urbano en poco más de una década. Pero el crecimiento se debió sobre todo a factores externos, no al acierto del régimen: la coyuntura expansiva europea, la emigración (unos dos millones de españoles a Alemania, Francia y Suiza, cuyas remesas financiaron las importaciones), el turismo (de menos de 3 millones de visitantes en 1959 a más de 34 millones en 1973), la inversión extranjera y la energía barata. Los Planes de Desarrollo (desde 1964) y sus polos industriales orientaron la inversión con balance desigual.
El cambio real fue social: éxodo rural hacia las ciudades y sus periferias, nacimiento de una sociedad de consumo (el Seat 600, la televisión), una clase media urbana con estudios y expectativas, la expansión educativa de la Ley General de Educación de 1970, y una Iglesia que tras el Concilio Vaticano II empezó a distanciarse del régimen. La contradicción de fondo: el desarrollismo creó una sociedad moderna, urbana y en contacto con Europa, incompatible con una dictadura. El régimen fabricó su propia oposición. Y ojo con la Ley de Prensa de 1966: sustituyó la censura previa por la consulta voluntaria, pero mantuvo el control; no fue apertura política.
5 Oposición y crisis final (1969-1975)
La oposición cambió con el régimen. En los años cuarenta, la guerrilla del maquis, activa hasta comienzos de los cincuenta. Después, la reorganización clandestina del PCE (con la política de reconciliación nacional de 1956) y del PSOE, renovado en el Congreso de Suresnes de 1974 con Felipe González; el movimiento obrero de Comisiones Obreras, nacido desde dentro del sindicato vertical, con las huelgas mineras de Asturias de 1962; la universidad como foco permanente de protesta; la reunión de opositores de todas las tendencias en Múnich en 1962; los nacionalismos, con ETA fundada en 1959 y en lucha armada desde 1968, y el Proceso de Burgos de 1970, cuyas penas de muerte, conmutadas tras la presión internacional, deslegitimaron al régimen ante el mundo. Maquis y movimiento obrero son vías de oposición distintas en método, base social y cronología: no las iguales.
La crisis final se acelera en pocos años. En 1969 Franco designa sucesor a Juan Carlos; en diciembre de 1973 ETA asesina a Carrero Blanco, presidente del Gobierno y garante de la continuidad del régimen después de Franco, y ese mismo año la crisis del petróleo acaba con el crecimiento, dispara la inflación y devuelve a los emigrantes: el régimen pierde su única legitimación efectiva, la prosperidad. El Gobierno de Arias Navarro (1974) oscila entre una apertura mínima y la represión, con aperturistas y «búnker» inmovilista paralizándose mutuamente; en septiembre de 1975 se producen las últimas ejecuciones, con protestas internacionales, y Franco muere el 20 de noviembre de 1975.
El balance que hay que saber escribir: en lo económico y social el cambio fue profundo y real, pero dependiente y desequilibrado; en lo político no hubo apertura alguna, con represión hasta el último mes. La consecuencia decisiva es que a la muerte de Franco existe una sociedad urbana, educada y europeizada que ya no cabe en la dictadura, y que hace posible la Transición.
Para llevarte
- Dictadura personal y coalición de familias (falangistas, militares, católicos, monárquicos, tecnócratas) arbitradas por Franco, con el nacionalcatolicismo como cemento.
- Las Leyes Fundamentales (1938, 1942, 1945, 1947, 1958, 1967) no son una constitución: son leyes dictadas desde el poder, sin soberanía popular, que configuran una «democracia orgánica».
- Autarquía (años cuarenta) es intervencionismo, racionamiento, estraperlo y hambre; fracasó, y 1959 es el punto de inflexión, no antes.
- La Guerra Fría salvó al régimen del aislamiento: Concordato y Pactos de Madrid en 1953, ONU en 1955.
- El desarrollismo cambia la economía y la sociedad por factores sobre todo externos (emigración, turismo, inversión extranjera), pero no cambia el poder ni las libertades.
- La crisis final junta sucesión (1969), Carrero Blanco (1973), crisis del petróleo (1973) y una sociedad moderna que ya no cabe en la dictadura; Franco muere el 20 de noviembre de 1975.
Errores que restan
- Llamar «Constitución» a las Leyes Fundamentales: son leyes dictadas desde el poder, sin soberanía popular, y confundirlas cuesta puntos por naturaleza jurídica.
- Decir que España participó en la Segunda Guerra Mundial: fue neutral y luego «no beligerante», con la División Azul como contribución al Eje, pero sin entrar en la guerra.
- Confundir autarquía con desarrollismo, situar el fin de la autarquía antes de 1959 o atribuir el crecimiento al acierto del régimen sin los factores externos.
- Leer el desarrollismo, el turismo o la Ley de Prensa de 1966 como una apertura política: la sociedad se moderniza, el poder sigue inmóvil.
- Cruzar fechas y familias: Juan Carlos es sucesor en 1969, no en 1975; el Concordato es de 1953, no de 1851; los tecnócratas del Opus Dei no son falangistas.
Autochequeo
Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.
1. ¿Qué son las Leyes Fundamentales del franquismo?
El régimen no tuvo constitución: promulgó siete leyes sueltas, cada una cuando necesitaba una imagen distinta hacia el exterior, y ninguna nace de la soberanía popular. Llamarlas constitución es el error de naturaleza jurídica que el material señala expresamente; la Ley Orgánica de 1967 ordena el aparato, pero no abre elecciones ni libertades, y el franquismo derogó la legislación republicana, no la conservó.
2. ¿Cuál fue la posición de España en la Segunda Guerra Mundial?
En Hendaya Franco no entró en la guerra, entre otras razones por sus exigencias territoriales y por la ruina del país, pero la División Azul de 1941 fue una contribución real al Eje que después resultó muy incómoda. Decir que participó es el error documentado; decir que fue neutral sin contacto borra Hendaya y la División Azul, y la vuelta a la neutralidad en 1943 no fue una alianza con nadie.
3. ¿Qué dos acuerdos de 1953 cerraron el aislamiento internacional del régimen?
1953 es el año clave del reconocimiento: la Iglesia da la máxima legitimación con el Concordato y Estados Unidos, en plena Guerra Fría, compra el anticomunismo de Franco con ayuda a cambio de bases. La ONU es 1955 y el Plan de Estabilización 1959; el Concordato de 1851 es de otro siglo y España quedó excluida del Plan Marshall; la OCDE y los Planes de Desarrollo pertenecen ya al desarrollismo.
4. ¿Qué cambió con el Plan de Estabilización de 1959?
1959 es el punto de inflexión económico: devaluación, liberalización, inversión extranjera. Pero es un cambio solo económico; leerlo como apertura política es el error más documentado del tema. La autarquía es lo que el plan entierra, y lo diseñaron los tecnócratas del Opus Dei precisamente contra los falangistas partidarios de la autarquía.
5. ¿Cuándo designó Franco a Juan Carlos de Borbón como sucesor «a título de rey»?
La Ley de Sucesión de 1947 definió España como reino y reservó a Franco la facultad de designar sucesor; la designación efectiva llegó en 1969. Situarla en 1975 confunde la designación con la proclamación como rey; 1947 es la ley, no el nombramiento; y Carrero Blanco, asesinado en diciembre de 1973, era el sucesor político del régimen, no el sucesor a la Jefatura del Estado.
La pregunta que decide si lo tienes
Desarrolla la evolución política y económica del franquismo desde la autarquía hasta el desarrollismo, e indica qué cambió y qué permaneció igual en el régimen.
Pista 1
Organiza en dos modelos económicos opuestos con sus instrumentos y resultados: autarquía (INI, intervención de precios, racionamiento, estraperlo, años del hambre) y desarrollismo (Plan de Estabilización de 1959, emigración, turismo, inversión extranjera, Planes de Desarrollo). Entre los dos, explica por qué se cambia: la autarquía fracasó y la Guerra Fría abrió la puerta (1953, 1955).
Pista 2
Para lo que no cambia, piensa en el poder: sin elecciones libres, sin partidos, sin libertades, con Leyes Fundamentales que no son constitución, Franco arbitrando entre las familias (tecnócratas en vez de falangistas, pero el mismo árbitro). Cierra con la consecuencia: la sociedad que crea el desarrollismo ya no cabe en la dictadura.
Solución
En los años cuarenta el régimen apostó por la autarquía, un modelo de autosuficiencia e intervencionismo total adoptado por ideología, a imitación de Italia y Alemania, y por necesidad, dado el aislamiento internacional que siguió a la Segunda Guerra Mundial (España había sido «no beligerante» y cercana al Eje, con Hendaya en 1940 y la División Azul en 1941; en 1946 la ONU recomendó retirar embajadores y el país quedó fuera del Plan Marshall). Sus instrumentos fueron el INI de 1941, la intervención de precios y mercados y las cartillas de racionamiento hasta 1952; sus resultados, los años del hambre, el estraperlo, el estancamiento industrial y una renta por habitante que no recuperó los niveles de 1935 hasta mediados de los cincuenta. La autarquía fracasó. Lo que hizo posible cambiar de modelo fue la Guerra Fría: el anticomunismo de Franco lo convirtió en socio útil de Estados Unidos, y llegaron el Concordato y los Pactos de Madrid en 1953 y el ingreso en la ONU en 1955. En 1957 los tecnócratas del Opus Dei sustituyeron a los falangistas en la dirección económica y en 1959 el Plan de Estabilización, con el FMI y el Banco Mundial detrás, devaluó la peseta, liberalizó precios y comercio y abrió la puerta a la inversión extranjera. Vino después el desarrollismo: crecimiento en torno al 7 por ciento anual, industrialización y urbanización, apoyados sobre todo en factores externos (la coyuntura europea, las remesas de unos dos millones de emigrantes, el turismo de masas, la inversión extranjera) y orientados por los Planes de Desarrollo desde 1964. Cambió, por tanto, el modelo económico y la relación con el exterior, y cambió la sociedad: éxodo rural, sociedad de consumo, clase media urbana, expansión educativa. Lo que no cambió fue el poder. Siguió sin haber elecciones libres, partidos ni libertades; las Leyes Fundamentales, de 1938 a 1967, nunca fueron una constitución; la Ley de Prensa de 1966 sustituyó la censura previa por la consulta voluntaria sin soltar el control; y Franco siguió arbitrando entre las familias del régimen, ahora con tecnócratas en vez de falangistas, hasta designar sucesor a Juan Carlos en 1969. Esa es la clave del franquismo: adaptación sin cambio, una fachada que se renueva para que el poder personal no se mueva. Y de esa disociación nace la crisis final: la sociedad moderna y europeizada que fabricó el desarrollismo ya no cabía en la dictadura, y a la muerte de Franco, en noviembre de 1975, hizo posible la Transición.