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tema 03 de 03 · Geografía

Espacios urbanos y rurales

La ciudad se lee en capas y el campo en factores, y el examen te pide las dos lecturas: un plano donde distinguir casco, ensanche y periferia, o un paisaje agrario donde explicar por qué hay regadío y no secano. Con un guion para cada documento, el tema deja de ser una lista de nombres y se convierte en método.

Qué te va a pedir el examen

1 Qué es una ciudad y desde dónde se mira: emplazamiento y situación

Una ciudad se define combinando tres criterios, no solo el tamaño: un umbral demográfico (por convención, más de 10.000 habitantes), la concentración de funciones especializadas (administrativas, comerciales, financieras, sanitarias, universitarias) que presta a un territorio más amplio que ella misma, y una morfología propia: edificación compacta o en altura, usos del suelo diversos, trama distinta del hábitat rural. Cuantas más funciones y de mayor rango concentra, más alto es su puesto en la jerarquía urbana.

El primer epígrafe de cualquier comentario de plano es una pareja de conceptos que el examen pide por separado. El emplazamiento es el lugar físico concreto sobre el que se asienta la ciudad y sus condicionantes: una colina defensiva, un meandro, una bahía. La situación es su posición relativa respecto al territorio: un nudo de comunicaciones, una posición litoral, el paso hacia una frontera. Pamplona sirve de ejemplo de manual: se emplaza en una meseta elevada sobre un meandro del Arga, que explica su función histórica de plaza fuerte, y se sitúa en un cruce de caminos entre el Pirineo, la Ribera y la Meseta, por donde pasa el Camino de Santiago. Tratarlos como sinónimos deja media pregunta sin responder.

2 El plano en tres capas

Toda ciudad española de origen histórico se ha construido en capas sucesivas, y esa secuencia es la columna vertebral del comentario. El casco histórico es el núcleo original: trama irregular, calles estrechas y sinuosas de herencia medieval (o islámica; en retícula si el origen es romano), alta densidad, y los edificios de poder simbólico, catedral, ayuntamiento, muralla o fortificación. Hoy concentra usos terciarios y turísticos, y con ellos sus problemas: gentrificación (la renovación encarece el barrio y expulsa a los residentes tradicionales), musealización y degradación del parque de vivienda antiguo, que los planes de reforma interior tratan de corregir.

El ensanche es la ampliación planificada del siglo XIX y principios del XX, cuando el crecimiento demográfico e industrial desbordó las murallas y se derribaron: trama ortogonal en cuadrícula, calles rectas y anchas que se cruzan en ángulo recto, manzanas regulares, edificación de calidad para la burguesía. Es la fase que mejor identifica el urbanismo planificado frente al crecimiento espontáneo del casco, y hoy suele estar terciarizado, a menudo coincidiendo con el distrito central de negocios (CBD). La periferia es el crecimiento del siglo XX, heterogéneo: polígonos de vivienda en bloque de los años sesenta y setenta, levantados para acoger al éxodo rural; polígonos industriales separados por la normativa de usos; urbanizaciones de baja densidad (chalets, adosados) ligadas al coche; y, en las últimas décadas, urbanización difusa y espacios periurbanos de transición entre ciudad y campo.

Comentar el plano es asignar cada trama a su etapa y explicar la evolución del centro hacia fuera. Para cada zona, tres datos: forma, época y función. Nombrar «ensanche» sin decir por qué tiene esa forma (planificación decimonónica), de cuándo es y qué función cumple (residencial burguesa, hoy comercial) es una etiqueta que no puntúa. Y si el plano lo permite, cierra con las dinámicas actuales: presión turística en el centro, crecimiento disperso en los bordes, movimientos pendulares.

3 El sistema urbano: una jerarquía desequilibrada

España tiene una jerarquía urbana encabezada por Madrid y Barcelona, las dos metrópolis de rango nacional e internacional; un segundo nivel de metrópolis regionales (Valencia, Sevilla, Bilbao, Málaga, Zaragoza) que organizan su entorno autonómico; una red de ciudades medias que prestan servicios especializados a comarcas enteras; y, por debajo, las cabeceras comarcales. El sistema se organiza además en ejes: el mediterráneo, el más denso y continuo, el cantábrico, el del valle del Ebro, el gallego y el andaluz. Y es desequilibrado: población y actividad se concentran en la periferia litoral y en Madrid, mientras el interior, salvo las capitales, se vacía. El sistema urbano es el reflejo espacial de la España vaciada que ya has visto en población.

Vocabulario que cae como definición: el área metropolitana es una ciudad central más los municipios de su entorno integrados funcionalmente por los movimientos pendulares diarios de trabajo y estudio; la conurbación es la unión física de dos o más ciudades que crecen hasta formar un continuo; la ciudad dormitorio, el municipio metropolitano cuya población trabaja en la ciudad central. A escala regional conviene distinguir los sistemas primados, donde una sola ciudad concentra más de la mitad de la población y apenas hay ciudades medias entre ella y el medio rural, de los policéntricos, con varias capitales de tamaño comparable. La debilidad de la red de ciudades medias agrava la despoblación: sin servicios de rango medio accesibles, los jóvenes rurales emigran directamente a la capital.

Los problemas urbanos que más se preguntan: movimientos pendulares y congestión, dependencia del coche en la periferia difusa, precio de la vivienda tensionado por el turismo en los centros, segregación socioespacial entre barrios, contaminación atmosférica y acústica, y consumo de suelo periurbano agrícola. La ordenación del territorio responde con instrumentos concretos: el modelo de ciudad compacta de usos mixtos frente a la ciudad difusa, movilidad sostenible (transporte público, carril bici, peatonalización, zonas de bajas emisiones), rehabilitación de cascos y polígonos en lugar de seguir creciendo hacia fuera, el planeamiento a través del PGOU y propuestas como la ciudad de 15 minutos. Si te piden comparar dos modelos, enfrenta ventaja y coste de cada uno: describir sin comparar no puntúa.

4 El espacio rural: hábitat y paisajes agrarios

Un paisaje agrario se explica siempre cruzando dos tipos de factores. Los físicos (clima, relieve, suelo, agua) marcan el límite de lo posible; los humanos (estructura de la propiedad, tecnología, mercado, política agraria) deciden cómo se explota ese límite. El primer factor humano es el hábitat: el concentrado (viviendas agrupadas en un pueblo) domina el interior peninsular, favorecido por la defensa, el agua compartida de pozos y fuentes y el reparto colectivo de campos abiertos, el openfield de parcelas sin cercar; el disperso (viviendas diseminadas: caseríos, aldeas, parroquias) es propio del norte húmedo, donde el agua abundante permite la autonomía de cada explotación, y va con el bocage de parcelas cerradas por setos o muros. La estructura de la propiedad opone el minifundio del norte y noroeste, de parcelas pequeñas y dispersas, al latifundio del sur, grandes fincas ligadas históricamente al trabajo asalariado y hoy con frecuencia mecanizadas.

El eje que más se pregunta es secano frente a regadío. El secano (cereal, vid, olivo) domina el interior y buena parte de Andalucía, con rendimientos bajos por hectárea y poco coste hídrico. El regadío (hortalizas, frutales, cítricos) concentra la agricultura más productiva en el Levante, el valle del Ebro y Andalucía, con la huerta como ejemplo de manual: parcelas pequeñas, acequias de origen medieval y cultivos de alto valor. Sus consecuencias son ambivalentes y hay que darlas así: más renta y empleo, pero sobreexplotación de acuíferos, salinización y competencia por el agua con las ciudades y el turismo. Completa el mapa con la dehesa del suroeste (encina, pasto y ganadería extensiva sobre suelos silíceos pobres) y con el contraste entre ganadería extensiva, ligada al territorio, e intensiva o estabulada, más productiva y con mayor huella ambiental.

Ante una fotografía, el orden es fijo: describe primero los elementos físicos visibles (relieve, agua, suelo) y los humanos (parcelario, cultivo, riego, terrazas, invernaderos), y solo después nombra el tipo de paisaje (secano cerealista, huerta, dehesa, bancales de montaña) y explica qué factores lo producen. No inventes un cultivo que no se distinga en la imagen, y no apliques el guion de la España húmeda (caserío, prado, ganadería) a un paisaje mediterráneo de secano y regadío.

5 El campo cambia: PAC, abandono y nuevas actividades

Las actividades agrarias se transforman por tres fuerzas. La mecanización, que reduce la mano de obra necesaria y vació el campo junto con el éxodo rural. El envejecimiento y el abandono de las explotaciones menos rentables, sobre todo en la montaña y el interior. Y la Política Agraria Común, que condiciona qué se cultiva y con qué rentabilidad mediante ayudas ligadas a la superficie y al tipo de cultivo, programas de desarrollo rural que buscan frenar el abandono y condiciones ambientales crecientes. Súmale la concentración parcelaria del siglo XX, que agrupó parcelas dispersas en unidades mecanizables, y tendrás explicado casi cualquier gráfico de empleo agrario que baja.

Cuando el enunciado pida valorar la sostenibilidad de una práctica, distingue siempre entre su rentabilidad económica inmediata y su coste ambiental a medio plazo (agua, suelo, biodiversidad). Y ten preparadas las nuevas actividades del espacio rural, que se preguntan de forma directa: productos con denominación de origen y agricultura ecológica de proximidad, que añaden valor a producciones tradicionales; turismo rural y de naturaleza como vía de diversificación de rentas; energías renovables sobre suelo agrario poco productivo, que aportan una renta nueva al propietario; y la periurbanización, que convierte el campo cercano a las ciudades en espacio rururbano de usos mixtos. Todas ellas conectan con el objetivo de la ordenación del territorio en el medio rural: fijar población y sostener servicios donde el mercado solo no lo hace.

Para llevarte

Errores que restan

Autochequeo

Responde sin mirar arriba. Si fallas, mejor aquí que el día del examen: cada opción trae su porqué.

1. En un plano, un sector central tiene calles estrechas y sinuosas y, pegado a él, otro de manzanas regulares con calles rectas que se cruzan en ángulo recto. ¿Qué son?

2. El examen pide «emplazamiento y situación» de una ciudad asentada sobre un meandro de un río y en un cruce de caminos hacia la montaña. ¿Cuál es la respuesta completa?

3. ¿Qué es un área metropolitana?

4. ¿Dónde es propio el hábitat disperso y por qué?

5. Una fotografía muestra parcelas pequeñas, acequias y hortalizas junto a una ciudad mediterránea. ¿Qué paisaje es y cómo se justifica?

La pregunta que decide si lo tienes

En el siguiente plano urbano se diferencian espacios que traducen distintos momentos de desarrollo de la ciudad: un núcleo central de calles estrechas e irregulares en torno a la catedral, un anillo de manzanas regulares en cuadrícula y, hacia el exterior, bloques de vivienda exentos, un polígono industrial junto a la carretera y urbanizaciones de viviendas unifamiliares. Comenta el plano explicando la evolución de la ciudad, las características de cada zona y los problemas actuales que plantea.

Pista 1

Asigna cada trama a una etapa antes de escribir: irregular, cuadrícula, bloques y dispersión son tres momentos en orden cronológico, del centro hacia fuera. Para cada zona, tres datos: forma, época y función.

Pista 2

Casco medieval (defensa y catedral, hoy turismo y gentrificación); ensanche del XIX tras derribar las murallas (burguesía, hoy comercio); periferia del XX (bloques para el éxodo rural, polígonos, chalets). Cierra con lo que cuesta la periferia dispersa, coche, suelo y movimientos pendulares, y con lo que propone la ordenación del territorio.

Solución

El plano permite leer, como estratos superpuestos, la historia de la ciudad. El núcleo central de trama irregular, con calles estrechas y sinuosas en torno a la catedral, es el casco histórico: el asentamiento preindustrial, de herencia medieval, con alta densidad de edificación y los edificios de poder simbólico; su emplazamiento suele responder a razones defensivas o de abastecimiento, y desde él se ha expandido todo lo demás. Hoy concentra funciones terciarias y turísticas, y con ellas los problemas propios de los centros: presión turística, gentrificación que encarece la vivienda y expulsa a los residentes tradicionales, y un parque de viviendas antiguo que exige rehabilitación. El anillo de manzanas regulares en cuadrícula es el ensanche: la ampliación planificada del siglo XIX y principios del XX, cuando el crecimiento demográfico e industrial desbordó las murallas y se derribaron; su trama ortogonal, con calles rectas y anchas, es la marca del urbanismo planificado frente al crecimiento espontáneo del casco, y su edificación de calidad se pensó para la burguesía. Hoy es un espacio residencial y comercial de alto valor, a menudo el distrito central de negocios. El exterior es la periferia del siglo XX, heterogénea: los bloques exentos corresponden a los polígonos de vivienda de los años sesenta y setenta, levantados deprisa para acoger a la población del éxodo rural, con déficits iniciales de equipamientos; el polígono industrial junto a la carretera responde a la separación de usos que impone el planeamiento y a la necesidad de acceso; y las urbanizaciones de viviendas unifamiliares son el crecimiento más reciente, de baja densidad, ligado a la motorización. La evolución, por tanto, traduce en el plano la propia historia demográfica y económica de la ciudad: núcleo preindustrial, expansión burguesa planificada, periferia de la industrialización y el éxodo rural, dispersión reciente. Los problemas actuales derivan de ese último modelo: la periferia difusa consume mucho suelo, obliga al coche y genera movimientos pendulares diarios hacia el centro, con congestión y contaminación; a ello se suman la segregación socioespacial entre barrios y la tensión de la vivienda en el centro. La ordenación del territorio responde con la apuesta por la ciudad compacta de usos mixtos frente a la difusa, la movilidad sostenible (transporte público, carril bici, peatonalización del casco), la rehabilitación de los polígonos envejecidos y el planeamiento a través del PGOU para limitar el crecimiento disperso y proteger el suelo agrícola del entorno. Fíjate en que cada zona lleva sus tres datos, forma, época y función, y en que el comentario no termina en la descripción, sino en el problema y en su respuesta.

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