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Cómo tomar apuntes en clase: métodos que funcionan

Métodos para tomar apuntes que luego sirven para estudiar: Cornell, mapas y outline, a mano o en el portátil, y cómo convertirlos en material de repaso.

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Para tomar apuntes en clase que luego sirvan para estudiar, la regla es una: escribe con tus palabras, no al dictado. Escucha la idea completa, resúmela en tu cabeza y anótala condensada, con abreviaturas y huecos si hace falta. Un método concreto que lo facilita es el de Cornell: divides la hoja en una columna estrecha a la izquierda (preguntas y palabras clave), una zona ancha a la derecha (las notas de clase) y una franja abajo (resumen del día en dos o tres líneas). Al terminar la clase, o esa misma tarde, completas la columna izquierda con preguntas cuyas respuestas están a la derecha. Desde ese momento tus apuntes ya no son solo un registro: son un test que puedes pasarte tapando la parte derecha.

Ese es el resumen. Ahora vamos a lo que hay detrás: por qué copiar literalmente es el peor apunte posible, qué método encaja con cada tipo de clase, qué dice la evidencia sobre escribir a mano frente al portátil, y cómo cerrar el ciclo para que el apunte de octubre siga vivo en la PAU de junio.

El error de base: el apunte como transcripción

El instinto natural en clase es intentar capturarlo todo. Parece prudente (“así no pierdo nada”) pero es el error que arruina la mayoría de los apuntes: transcribir es una tarea casi mecánica que ocupa toda tu atención en las palabras y no deja ninguna para las ideas. Sales de clase con diez páginas y sin haber procesado nada.

Tomar apuntes tiene dos funciones, y conviene distinguirlas:

  • Función de codificación: el propio acto de anotar te obliga a seleccionar, jerarquizar y reformular. Eso es aprendizaje en tiempo real.
  • Función de almacenamiento: el apunte queda como material externo para estudiar después.

La transcripción literal maximiza la segunda función y anula la primera. Y la segunda tampoco sale bien: un apunte que es una fotocopia manual del discurso del profesor es tan poco estudiable como el libro. El apunte útil sacrifica cantidad por procesamiento: menos palabras, más tuyas.

Aquí, como siempre, el rival es la prueba y nunca el alumno: la PAU te pedirá producir ideas de memoria y por escrito. Un apunte que ya nació reformulado por ti entrena exactamente eso desde el primer día.

Tres métodos que funcionan (y cuándo usar cada uno)

Método Cornell: el estándar para clases de teoría

Desarrollado por Walter Pauk en la Universidad de Cornell, es el método con mejor relación esfuerzo-resultado para asignaturas de discurso: Historia, Filosofía, Biología, Lengua.

  1. Prepara la hoja: columna izquierda de unos 6 cm, zona derecha para notas, franja inferior de 4 o 5 líneas.
  2. Durante la clase: anota solo en la derecha. Frases cortas, abreviaturas, tus palabras. Si te pierdes, deja hueco y sigue; el hueco se rellena después preguntando o con el libro.
  3. El mismo día: escribe en la columna izquierda preguntas o palabras clave que apunten a lo de la derecha (“¿3 causas de la crisis del 29?”, “definición de ósmosis”).
  4. En la franja inferior: resume la clase en dos o tres líneas, de memoria si puedes.
  5. Para repasar: tapa la derecha y responde a la columna izquierda en voz alta o en sucio.

El paso 3 es el que convierte el apunte en material de repaso activo, y es el que casi nadie hace. Cuesta cinco minutos por clase.

Outline (esquema jerárquico): para contenido muy estructurado

Anotas en niveles: idea principal sin sangría, ideas secundarias con una sangría, detalles con dos. Funciona muy bien cuando el profesor sigue un guion claro (temario cerrado, presentación con apartados) y en asignaturas con jerarquías naturales como Biología o Geografía. Funciona mal cuando la clase salta de un punto a otro: no fuerces la jerarquía en directo, ordénala después.

Mapa o diagrama: para relaciones, no para listas

Idea central en el medio, ramas con conceptos conectados. Útil cuando lo importante son las relaciones (procesos históricos con causas cruzadas, rutas metabólicas, corrientes filosóficas que se responden entre sí). Como apunte de clase en directo es arriesgado porque no sabes aún la estructura completa; suele funcionar mejor como reelaboración posterior. Si esa reelaboración te interesa, el proceso completo está en cómo hacer esquemas para estudiar.

En asignaturas de ejecución (Matemáticas, Física, Química) el mejor apunte no es ninguno de los tres: es el problema resuelto con anotaciones tuyas al margen sobre por qué se da cada paso y dónde estuvo el truco.

¿A mano o en el portátil?

La evidencia más citada es el estudio de Mueller y Oppenheimer (Psychological Science, 2014): los estudiantes que tomaban apuntes en portátil tendían a transcribir más literalmente y rendían peor en preguntas conceptuales que los que escribían a mano, que se veían obligados a seleccionar y resumir porque la mano no da para transcribir. Conviene ser honestos: replicaciones posteriores, como la de Morehead y colaboradores (2019), encontraron diferencias más pequeñas de lo que se suele contar. La lectura razonable no es “el papel es mágico”, sino que el peligro real es la transcripción, y el teclado te la pone demasiado fácil.

Traducción práctica para bachillerato:

  • Por defecto, a mano. La lentitud te fuerza a procesar, no hay notificaciones y dibujar una flecha o un diagrama cuesta cero.
  • Si usas portátil o tablet, impónte la regla de no transcribir: frases propias, máximo una línea por idea, y las apps cerradas.
  • Híbrido razonable: apunte a mano en clase, reelaboración digital después si te ayuda a organizar por temas.

Cerrar el ciclo: del apunte al repaso

Un apunte que no se vuelve a tocar hasta la semana del examen es un apunte muerto. El olvido empieza el mismo día de la clase, así que el apunte es el punto de partida de una cadena, no el final:

  1. Esa tarde (10 minutos): completa huecos, escribe las preguntas de la columna Cornell y el resumen inferior. Es el repaso más rentable de todos porque el contenido aún está fresco.
  2. Esa semana: convierte lo memorizable puro (fechas, definiciones, fórmulas, vocabulario) en tarjetas de pregunta y respuesta. Cómo hacerlo bien está en flashcards para estudiar.
  3. Al cerrar el tema: condensa los apuntes en un esquema de una cara hecho de memoria, comparando después con el original.
  4. Durante el curso: repasa con el sistema de tapar y responder, en sesiones espaciadas cada vez más largas. El calendario concreto lo tienes en repaso espaciado.

Fíjate en que en ningún paso aparece “releer los apuntes”. Releer produce familiaridad, no memoria: según la revisión de Dunlosky y colaboradores (2013), la relectura está entre las técnicas menos eficaces y la práctica de recuperación entre las más eficaces. El apunte Cornell bien hecho te da la recuperación gratis: tapas, respondes, compruebas.

Un matiz para quien prepara la PAU: la estructura del examen y los criterios de corrección varían según la comunidad autónoma, así que al reelaborar apuntes de cara a la prueba conviene mirar los modelos que publica la universidad organizadora de tu comunidad y darles el peso que allí tengan (desarrollo largo, preguntas cortas, prácticas).

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor método para tomar apuntes?

No hay uno universal. Cornell es el mejor punto de partida para clases de teoría; el outline funciona con contenido muy jerarquizado; los mapas, para relaciones complejas; y en asignaturas de problemas, el mejor apunte es el ejercicio resuelto comentado. Lo que sí es universal es la regla de fondo: reformular con tus palabras en lugar de transcribir.

¿Es mejor tomar apuntes a mano o con ordenador?

A mano por defecto: te obliga a resumir y elimina distracciones. El estudio de Mueller y Oppenheimer (2014) apunta ventaja para la mano en preguntas conceptuales, aunque replicaciones posteriores matizan el tamaño del efecto. Si usas teclado, la clave es prohibirte la transcripción literal.

¿Qué hago si el profesor va demasiado rápido?

No intentes capturarlo todo. Anota la idea, deja un hueco marcado donde te perdiste y sigue con la explicación. Al acabar, rellena los huecos con el libro o preguntando a un compañero. Un apunte con huecos rellenados esa tarde vale más que una transcripción completa sin procesar.

¿Sirve de algo pasar los apuntes a limpio?

Pasarlos a limpio copiando es tiempo perdido: es relectura con boli. Reelaborarlos sí sirve: convertirlos en preguntas, en un esquema hecho de memoria o en flashcards. La diferencia está en si tu cerebro trabaja el contenido o solo lo copia.

¿Cuándo debo repasar los apuntes de clase?

El primer repaso, ese mismo día: diez minutos para completar, ordenar y escribir las preguntas de la columna izquierda. Después, repasos espaciados con intervalos crecientes (a los pocos días, a la semana, al mes), siempre respondiendo de memoria antes de mirar.

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